Crítica a Perón.

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CRÍTICA A PERÓN.

Revista El Descamisado, Mayo de 2015

Hace ya más de cuarenta años estuvo a cargo de Rodolfo Walsh la pluma que ilustró la tapa del diario “Noticias” aquel 2 de Julio de 1974 para anunciar la muerte del General Perón. Allí se leía en letras e molde: “DOLOR. El General Perón, figura central de la política argentina en los últimos 30 años, murió ayer a las 13.15 horas. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional”.

Dos meses antes, un 1° de Mayo de 1974, en horas de la mañana Perón concurría en su carácter de Presidente de la Nación por tercera vez electo por el voto popular, al Congreso de la Nación para inaugurar las sesiones correspondientes al 99° período legislativo.

Definiciones de raigambre estratégica que el acontecer futuro de los tiempos confirmaron en su certeza fueron manifestadas por Perón en aquella oportunidad: “La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los recursos y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías….En lo científico-tecnológico, se reconoce el núcleo del problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible”.

Parte importante de este marco conceptual ideológico en sus aspectos técnicos programáticos nutrieron las “Pautas Programáticas del Frente Justicialista de Liberación”, que fueran convalidadas en las urnas por una abrumadora y protagónica mayoría popular el 11 de marzo y el 23 de septiembre de 1973.

Mientras dentro del recinto legislativo el Presidente Perón desmenuzaba con claridad conceptual las directrices invariables de un proyecto de LiberaciónNacional y Social, a las 9.30 horas de aquel 1° de mayo de 1974 en las inmediaciones de la Plaza de Mayo comenzaban a acudir pequeños grupos de manifestantes. Efectivos policiales procedían a palparlos de armas minuciosamente, tanto a hombres como a mujeres. Se revisaban carteras, bolsos y paquetes de comida. En muchos casos, quienes llevaban panes eran obligados a partirlos, para demostrar que no llevaban dentro ningún objeto apto como arma.

Para ser palpadas de armas, de cada columna que se aproximaba se iban desprendiendo filas de 25 o 30 personas, que eran requisadas por unos 20 uniformados de la PFA. El paso de las columnas era cerrado por un Batallón de la Guardia de Infantería, para evitar el ingreso de personas ajenas a la columna ya requisada.

A las 12.30 horas el Presidente Perón pasa en automóvil rumbo a la casa rosada por 9 de Julio y Avenida Belgrano en el marco de la comitiva oficial conformada por 10 vehículos más.

Luego de las 14 horas la PFA cuadriplicó su personal en los puntos de acceso a la Plaza de Mayo conformando controles con más de 100 efectivos. En las cercanías se hallaban apostados carros de la Guardia de Infantería.

A las 14.45 horas, rebasando los controlesingresaba a la Plaza de Mayo la columna de la Juventud Peronista Regional I, con consignas contrarias a losComisarios Alberto Villar(Subjefe de la PFA) y Luis Margaride (Superintendente de Seguridad de la PFA) y vivando a la organización “Montoneros”.La entrada de este primer contingente de aproximadamente 30 mil personas estaciona sobre Rivadavia, abarcando en forma compacta desde Balcarce hasta Bolívar. Más tarde comenzaron a avanzar por Diagonal Norte y Avenida de Mayo las restantes columnas, zona oeste, sur y norte, La Pampa, Bahía Blanca, y otro sector que comprendía a las provincias de La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero y Salta. Estos contingentes se fueron ubicando al costado de la columna de la “Regional I” hasta cubrir la mitad de la Plaza de Mayo, mientras continuaba la afluencia de manifestantes por las arterias de acceso.

De este modo, alrededor de las 16.30 horas el perímetro comprendido por la calle Rivadavia y hasta la mitad de la plaza era ocupado por aproximadamente 60 mil personas de las “Regionales”, estimándose en la totalidad de la plaza algo más de 110.000 manifestantes.

A las 17 horas asoma en el balcón de la casa de gobierno el Presidente Perón en medio del griterío de la multitud congregada, la que en más de la mitad se unificó instantáneamente en la consigna -interrogante y provocativa a la vez- de:“Qué pasa General que está lleno de gorilas el gobierno popular”.

Perón algo consternado“contesta” desde el comienzo de su discurso:

“…Compañeros, hoy, hace veintiún años que en este mismo balcón, y con un día luminoso como el de hoy, hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones, porque venían días difíciles…No me equivoqué, ni en la apreciación de los días que venían, ni en la calidad de la organización sindical, que a través de veinte años…pese a estos estúpidos que gritan…Decía que a través de estos veintiún años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más mérito que los que durante veinte año lucharon…”

En los mismos instantes en que en uso de la palabra Perón constata que una parte sustancial de la multitud congregada en la plaza por primera vez en la historia del movimiento se transforma paulatinamente en vacío, no puede más que reprochar la inconformidad:

“…Nos hemos reunido nueve años en esta misma plaza, y en esta misma plaza hemos estado todos de acuerdo en la lucha que hemos realizado por las reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho…”

La respuesta no se hizo esperar:

“…conformes, conformes General, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar…”

La ocasión “asamblearia” ya había sido pautada pocos meses antes por el mismo Perón. En efecto; el 12 de octubre de 1973, en su discurso al asumir por tercera vez la Presidencia de la Nación, asumía el compromiso:

“…quiero decirles que durante este gobierno que hoy se inaugura, y siguiendo la vieja costumbre peronista, los días 1° de mayo de cada año he de presentarme en este mismo lugar para preguntarle al pueblo aquí reunido si está conforme con el gobierno que realizamos…”

En definitiva, visto a la distancia y soslayando interpretaciones interesadas; no se trató de una “paternal”reprimenda a los “jóvenes” y para el mejor de los casos;ni de una expulsión lisa y llana de supuestos “infiltrados”; fue el punto de eclosión de una discusión política sin improvisaciones timoratas de por medio, en carne viva, que atravesó las entrañas del movimiento peronista con fuertes implicancias hacia el conjunto de la sociedad argentina y de proyecciones futuras.

En medio de la confusión reinante, fue un puñado de históricos dirigentes reunidos como “Agrupación del Peronismo Autentico”los que intentaron canalizar la discusión, fijando los ejes sustanciales en términos precisos y concretos, con el fin expreso de dinamizar la unidad del movimiento asumiendo sus directrices invariables, tanto como sus contradicciones intrínsecas. Se trataba de Andrés Framini (1), Sebastián Borro (2), Armando Cabo (3), Dante Viel (4) y Arnaldo Lizaso (5). Militantes curtidos en los años duros de la proscripción y clandestinidad, de comprobada lealtady honestidad sin mácula.

En un documento distribuido en todos los ámbitos del movimiento, y difundido a su vez como solicitada en medios de prensa escrita el 2 de mayo de aquel 1974, dirigido en términos personales a Perón, y luego de reconocerse como “sus viejos y leales soldados peronistas”, desmenuzan punto por punto, con claridad meridiana un sólido planteo ideológico y político.

El texto comenzaba contextualizando históricamente el momento en los siguientes términos:

«La mayoría de los que concurrimos a la Plaza de Mayo el día de los Trabajadores, fuimos respondiendo a la convocatoria formulada por usted, General, el día 12 de Octubre pasado,cuando asumió, por tercera vez la Presidencia de la Nación. Nos citó para que dijéramos “si estábamos conformes con su gobierno”. No nos invitó solamente a ver números artísticos. Esa fue la invitación y esas las reglas del juego».

«Pidió públicamente que fuéramos a decirle nuestra verdad. A eso fuimos y cuando comenzamos a exteriorizar nuestras convicciones al respecto, recibimos como respuesta calificativos injustificados».

Se trataba de dirigentes ya maduros, que venían de atravesar duros trances en sus vidascomprometidos en la causa peronista, no le cabían los términos de “zurdos”, “infiltrados” y ni muchísimo menos de “imberbes”. Venían de largos años de literalmente haber dado la vida por Perón, y Perón lo sabía. Habían compartido desde el llano y a la intemperie la clandestinidad y la represión, acompañando el exilio de Perón en horas amargas de engaños y traiciones, de roscas y agachadas; sabían de lo que hablaban cuando le recordaron a Perón:

«Escuchamos además con estupor, que aquellos que negociaron, pactaron, fueron colaboracionistas, participacionistas o dialoguistas con los gobiernos de turno, especialmente los alcahuetes de la dictadura militar, esos que convirtieron al Movimiento Obrero Organizado en instrumento a su servicio personal, ésos eran, ahora, “dirigentes sabios y prudentes” grandes patriotas. Entonces no pudimos evitar, que volviera a nuestra memoria el contenido de aquella carta que usted nos enviara General, donde decía de estos mismos dirigentes que, comprometidos hasta los tuétanos con la Dictadura Militar, dejaron sin efecto un paro general desoyendo sus expresas directivas, que eran “traidores a la clase trabajadora” y que “había que tirarles por la ventana del cuarto piso de la C.G.T.”. También recordamos a su vez y volvimos a escuchar la cinta magnetofónica que certificando su carta nos enviara desde Madrid».

«Parece que ahora, por el retorno de Perón, que ellos sabotearon consecuentemente, se ha producido el milagro de convertir traición en lealtad y los usurpadores de cargos, en dirigentes representativos. Fíjese cómo serán de representativos esos dirigentes que precisamente en el día de los Trabajadores, ninguno de los que ocupan la cúpula sindical se atrevió a presentarse en la Plaza para hablarle a los trabajadores».

El reproche es claro, directo y preciso, no discurren en abstracciones ideologisistas vagas ni errabundas. Hablan de traición y lealtad, de representantesy usurpardores. Y precisamente en ejercicio de la lealtad, inquierena Perón en duros términos, asumiendo sin disimulos un lugaren la discusión:

«Conviene aclarar que no sólo eran jóvenes los que fueron a decirle su verdad al General Perón en la Plaza de Mayo. Habíamos millares de hombres y mujeres ya maduros que también pensamos como los jóvenes. Que no estamos conformes con muchas cosas que están pasando. Íbamos a decirlo, a pedir una respuesta que nos esclareciera, que nos permitiera mantener la fe».

«Lo que sucedió, no sólo no nos dio una respuesta, sino que nos aumentó la confusión y nos desalentó profundamente».

«Quienes le escriben esta carta, General, hemos sido protagonistas de la historia de estos casi treinta años de lucha peronista; nuestros nombres los conoce el pueblo y también los conoce usted General porque juntos hemos estado en las buenas y en las malas y estamos ligados al sacrificio, la fe y la resistencia del pueblo peronista».

«Si nos quedáramos callados frente a todo esto que ocurre no sólo traicionaríamos nuestra lucha sino la responsabilidad que tenemos de hablar por muchos compañeros que sienten como nosotros que no sólo se desvía el rumbo, sino “que está lleno de gorilas el gobierno popular” y que los traidores manejan la cúpula del Movimiento Peronista. Este 1° de Mayo será considerado uno de los más tristes para los trabajadores. Porque no es cierto que, como dice el aparato de difusión oficial, se hayan ido de la Plaza unos pocos o que sólo fueran jóvenes. Se fue, General, más de la mitad de la gente que allí estaba mientras usted hablaba. Se fue la gente que no fue llevada allí por el fabuloso aparato de los burócratas sindicales protegidos por la policía y apoyados por grandes cantidades de dinero. Esta gente que se fue, había ido a preguntarle a su líder que pasaba, y quería una asamblea, quería el reencuentro con Perón y el diálogo peronista».

«Cuando preguntaron, fueron calificados con sorpresiva dureza y su entusiasmo y su fe, se convirtió en dolor, porque habían ido allí a expresarle a usted sus angustias y sus preocupaciones para que se les respondiera y se los tranquilizara».

«Pero cuando llegamos a la Plaza, una enorme bandera nos tapaba el sitio desde donde usted iba a hablar; además servía como excusa y telón de fondo para que los enfoques de las cámaras de televisión no pudieran abarcar más allá, y que se viera lo que los burócratas querían mostrarle».

«Vimos un 1° de Mayo donde una mediocre Comisión Organizadora quería ocultarle con escenografía la expresión del pueblo. Habían prohibido ir con carteles; y no se podían cantar las consignas populares; no se podía entrar encolumnados».

«Este escenario no se monta para recibir al pueblo, para preguntarle si está conforme o no. La gente que venía del interior, fue trabada durante todo el camino. Infinidad de compañeros fueron parados por la policía y hechos regresar. Llegaron las columnas más numerosas, pero sufriendo horas de manoseos antes de poder entrar en la Plaza. Los burócratas encargados de la organización, crearon tal ánimo en la multitud que la predispusieron para cualquier reacción. Los “pesados” de los sindicatos hacían guardia junto a la policía; los matones de Bienestar Social pretendían esconderse detrás de los sachés de leche que sólo contenían agua. Todo un dispositivo intimidatorio hizo que sólo los más decididos llegaran a la Plaza».

«Cuando abrimos la boca para decir lo que pensábamos, recibimos una respuesta tan insólita como injusta».

«Íbamos a decir lo que pensábamos del gobierno. Que aprobábamos la política exterior del gobierno, porque es consecuente con la posición del peronismo de hacer respetar la autodeterminación de los pueblos y defender la hermandad continental. Y también íbamos a decir que no estábamos conformes con la política económica. Porque no es cierto que la inflación esté controlada. Es inexacto que haya desaparecido o disminuido notoriamente la desocupación. Los salarios siguen siendo insuficientes y no alcanzan para cubrir las necesidades más mínimas. No se ha avanzado en el cuidado y la atención de la salud. Se ha agravado el problema de la vivienda, porque la propiedad sigue concentrada en unos pocos que regulan especulando los alquileres por encima de las leyes. El índice de mortandad de nuestros chicos sigue siendo alarmante. La especulación con los artículos de primera necesidad que hacen las grandes fábricas no es controlada ni castigada. Las empresas monopólicas y multinacionales siguen vaciando el país».

«Pero este no es el problema principal, porque sabemos que de un día para otro no se puede hacer milagros. Nosotros los trabajadores, estamos dispuestos a dar salarios, sacrificios y privaciones para la reconstrucción. Este era el estado de conciencia cuando asumió el gobierno el peronismo luego de dieciocho años. Pero el pueblo ha sido rechazado del gobierno. Su participación cerrada y en su lugar hay una gran mayoría de burócratas, hay viejos traidores y conocidos represores de la causa popular. Y nadie nos dice porqué las cosas no cambian y por qué tenemos que aguantar todo esto, quedándonos callados».

En clara referencia a los comisarios de la PFA Villar y Margaride, el texto también ponía de relieve:

«Odiados represores y torturadores durante la dictadura neo-colonial, han sido llamados a conducir los organismos de seguridad, han sido ascendidos en vez de pedirles cuentas por sus crímenes».

El aspecto político organizativo del movimiento no estuvo ausente, si bien desde una mirada parcial, pero no menos aproximativa de la realidad, tal como lo confirmaran el futuro acontecer de los hechos. Al respecto pusieron de manifiesto:

«En cuanto al Movimiento Peronista, pretende ser conducido por personeros sin representatividad».

«Algunos de ellos traicionaron abiertamente al Pueblo y a su Líder, negaron su peronismo durante los años duros de la Resistencia y pactaron con cuanto enemigo de turno hemos tenido. Otros, que han sido puestos a dedo,no tienen más mérito militante que el de tener un papá gobernador. Nunca han estado en la lucha ni al lado del Pueblo. Han parado, sistemáticamente todo intento de organización para llevar la participación popular al gobierno que no sólo ha sido desechada sino reprimida. Se ha ordenado descabelladamente el cierre de Unidades Básicas donde el pueblo concurre a organizarse, se ha suspendido la afiliación y se trata de demoler con terrorismo cualquier condición para que el gobierno tenga una organización popular que lo sustente».

«Y todo esto no nos gusta».

Marcando cierta equidistancia, sin relegar el compromiso militante, se ubican en la coyuntura acompañando a aquellos que:

“podrán equivocarse, pero que son incapaces de una traición y una deslealtad”.

A la vez de reclamar que un:

“Líder es un hombre sabio, prudente, ecuánime, comprensivo, humano, justo y patriota”.

La definición política es clara:

«Con respecto a los “estúpidos”, “imberbes” y “mercenarios” es necesario recordar que no nacieron por generación espontánea. Son nuestros hijos. Los hijos de los trabajadores, muchos de los cuales estudian y trabajan. Los hijos de los hombres leales y combatientes que durante dieciocho años no escatimaron esfuerzos ni sacrificios para rescatar al país de las manos de la antipatria. Y saben más de peronismo que la mayoría de esos personajes arribistas que hoy lo rodean, General».

«Y esto, porque han mamado el peronismo desde chicos. Lo aprendieron con lágrimas y privaciones, cuando siendo niños los despertó bruscamente el allanamiento de los comandos civiles, militares o policiales que los encañonaban mientras arrestaban al padre, al hermano o la madre; que luego serían encarcelados, torturados o fusilados. Son los que durante años los días domingos tenían un sólo paseo: la cárcel donde estaba el ser querido preso».

«Son los que aprendieron de nosotros lo que era el peronismo y qué significa para el país. A los que les inculcamos a toda hora y todos los días que el Líder es un hombre sabio, prudente, ecuánime, comprensivo, humano, justo y patriota».

«Son los que arriesgaron la vida peleando contra la dictadura. Son los torturados, los perseguidos de todos estos años, los sobrevivientes de la masacre de Trelew. Son a los que apaleaba la policía de la dictadura cuando salían a la calle a gritar “Viva Perón”, “Perón Vuelve”. Son los amigos, los padres, las novias, los compañeros de los que murieron por la patria y por su regreso, General».

«Son, General, como usted mismo lo dijo, el futuro, la esperanza y “la juventud maravillosa”. Son los que el 1º de Mayo llegaron a la Plaza gritando “Perón o Muerte”.

«Son los que no aflojan, los que no se entregan, los que no claudican. Argentinos orgullosos de su estirpe que ya han aprendido a diferenciar la paja del trigo.Son los que están seguros que no hay liberación sin revolución y que la revolución no se hará jamás con traidores, cipayos y gorilas. Son los que se retiraron de la Plaza llorando su amargura y su frustración. Los que nos preguntaban con lágrimas en los ojos porque el Líder los había abandonado y prefería a los burócratas, a los traidores, a los agentes del antipueblo».

«Los viejos y auténticos peronistas estamos al lado de ellos. Porque son honestos, son leales, auténticos, desinteresados y sobretodo, como lo han demostrado, peronistas hasta la muerte. Que podrán equivocarse, pero que son incapaces de una traición y una deslealtad».

«Estamos al lado de ellos y con ellos en el Movimiento Peronista. Porque ser peronista no es una filiación ni una patente que da un burócrata, no es una adherencia. Es un compromiso, un estilo de vida, algo que como la honestidad sólo se pierde cuando se delinque. Ser peronista es servir al pueblo y hacer lo que el pueblo quiere».

Es una interpelación sin atenuantes, de interrogantes retóricos a fondo jamás antes escuchados, denotando un punto y a parte que divide aguas. Sin embargo, estos “viejos soldados peronistas“ no pierden las formas de la cortesía en la manifestación de su lealtad:

«General, como viejos soldados, hemos querido decirle estas cosas. Porque hemos peleado duro para recuperar el gobierno. Porque seguiremos peleando para que el peronismo logre el poder y pueda hacer de esta patria una gran Nación con un Pueblo feliz. Porque derrotaremos de una vez por todas a los enemigos de afuera y de adentro, esos que al servicio de intereses antinacionales pretenden impedir que el peronismo sea la vanguardia de la gran revolución nacional que concrete la liberación definitiva de nuestra Argentina».

Así se despedían de su Jefe, estos “viejos soldados peronistas“, ignorando que lo hacían definitivamente.

Quizá en aquel ya lejano 1° de mayo eclosionó trágica y caóticamente una discusión que subyacía en la conformación intrínseca del Movimiento Peronista desde sus cimientos. Quizá pueda pensarse como un eslabón más de una misma discusión, jalonada -por ejemplo- con la discusión sobre la ley de inversiones extranjeras de 1953, o con la de los contratos petroleros con la Standar Oil, o conla del Congreso de la Producitivad de 1954. O a caso se inscribió tal vez en la misma saga de aquella otra discusión con la legendaria vieja guardia sindical del 17 de octubre de 1945 y el Partido Laborista. De otro modo; quizá también fue la cosecha de alguna semilla semabrada en la discusión con el “Malón de la Paz” o con el voto en blanco en las elecciones de 1958 y la alianza con el desarrollismo, o en la discusión con Arturo Sampay, o con Jauretche, con Mercante,con el General Juan José Valle, con Cooke, con Espejo, y hasta incluso con los sindicatos y la CGT.

Sin perjuicio de su falta de divulgación historiográfica, el proyecto económico instrumentado por el ministro Gelbard también quedó envuelto en una discusión política, muy poco ventiladaen los habituales repasos históricos en su especificidad.

En este aspecto es preciso poner de especial relieve las consideraciones puestas de manifiesto por el economista Oscar Braun acerca del proyecto económico puesto en operaciones por Perón en el ejercicio de su tercer presidencia (6): “Creo que hay algo importante para tener presente en el análisis de la política económica, y es que hay una cosa muy paradójica: en la época de Lanusse un grupo económico fuerte estaba en el gobierno, pero el gobierno era débil, hoy pasa exactamente lo contrario, un grupo económicamente débil, la burguesía monopolista nacional, está en el gobierno, ubicada politicamente con una fuerza muy grande…Vale decir que lo económico –más allá de que sea siempre lo determinante en última instancia, como ya sabemos- vuelve a ser lo dominante en lo inmediato, o sea que la política pasa hoy por la economía…Esto es una cosa importante para tener en cuenta para una evaluación correcta del plan económico y las respuestas que se le deben dar desde la perspectiva de la clase dominante, desde la perspectiva política revolucionaria. Lo cierto es que, más allá del proyecto último de la gran burguesía nacional, es decir, más allá de lo que tenga en la cabeza Gelbard y su equipo y los sectores sociales que ellos representan –más allá de que tengan como proyecto último la verdadera liberación nacional, el desarrollo autónomo del capitalismo local, o que su proyecto sea solamente negociar su posición con el imperialismo, acelerar quizá un poco la tasa de crecimiento ecnómico y tener una tajada un poco mayor en detrimento de los sectores extranjeros, en detrimento de la oligarquía terrateniente y demás-, lo cierto es que esto no importa mucho, lo que pasa subjetivamente por la cabeza de Gelbard (aparte de que todos creemos que lo cierto es lo segundo, que esto de la liberación nacional no lo toman muy en serio ni ellos mismos)…En lo político, el apoyo principal –desde el punto de vista del “personal político“ que lleva adelante el proyecto de la gran burguesía nacional- son las capas medias, sectores profesionales, sectores que podríamos llamar de una gran burocracia política, y asimilamos a los dirigentes sindicales a las capas medias, es decir, que éstos están más cerca de las capas medias, de funcionarios rentados, que de la clase obrera. Tampoco podríamos afirmar que son pequeños o medianos burgueses, porque salvando algunos que están en el “choreo“ serio no acumulan capital…Es decir que el proyecto político de este plan económico son los sectores o parte de los sectores que podríamos denominar capas medias. Esta es la alianza, este es el lado de los amigos del proyecto de Gelbard, el proyecto de la burguesía nacional. Se enfrentan principalmente al sector del capital monopolista dependiente y a la oligarquía terrateniente. Estos son los principales enemigos, la burguesía monopolista nacional o la gran burguesía nacional va a tratar de extraer parte del excedente o parte de la plusvalía que se genera en esos sectores, para llevar a cabo su proyecto y para redistribuir y para satisfacer a sus aliados en su frente particular de clase“.

Con el fallecimiento de Perón aquel 1° de julio de 1974 la discusión y la crítica planteadasdejó de tener a su interlocutor excluyente. De allí en más, “los obsecuentes que siempre traicionan” -por acción o por omisión- terminaron implementando y homologando el proyecto económico conocido como “rodrigazo”, abandonando traidoramente el proyecto sustentado por una abrumadora mayoría popular. Una vez más, el pueblo quedaba a la intemperie, cuerpo a cuerpo con el enemigo. Cobardes de baja monta y lacaya estirpe no cejaron hasta postrar a la Nación a merced de un bloque oligárquico genocida, impiadoso y concupiscente. Luego fue el turno de los “enanos” alfonsinistas, menemistas, frepasistas y kirchneristas, todos de cerebro marchito y corazón intimidado. Cada uno a su modo consolidó la dependencia ignominiosa de la Nación y hambreó al pueblo.

En esta perspectiva histórica, caben algunas conclusiones. La infamia excremental de un Lopez Rega, la improvisación poco seria de María Estela Martinez, ni que hablar del canalla represor de Alberto Villar encumbrado al mando de la PFA, el consentimiento explícito brindado al “golpe de Estado“ en la Provincia de Córdoba gobernada por el Dr. Ricardo Obregón Cano que preludiara la cruenta dictadura inaugurada en 1976, más el hostigamiento a las gobernaciones encabezadas en Buenos Aires por Oscar Bidegain, Jorge Cepernic en Santa Cruz, Martinez Vaca en Mendoza y Ragone en Salta; decisiones que enlutaron y diezmaron las potencialidades transformadoras del Movimiento; entendemos, no pueden quedar subsumidas arbitrariamente en la tan mentada infalibilidad de la conducción del líder, o lo que es peor en un eterno espiral de silencio.

Hoy a la distancia y sin margen de duda, cabe poner de resalto esas decisiones como errores grotescos, irresponsables, y precisamente fruto de serios intervalos deficitaios de conducción política adecuada a las circunstancias del momento,desprovistos de sabiduría, prudencia, ecuanimidad y comprensión que todo líder debe proveer al conjunto.

Sin duda el General Perón fue un líder excepcional en la construcción de soberanía y justicia social, a su vez con errores, silencios, omisiones y acciones oscuras también excepcionales que hoy, entendemos, es necesario ponerlas de manifiesto expresamente.

Profesar una adoración religiosa a su figura, inmune a toda mirada crítica, asumiendo su pensamiento y su obra como producto de una especie de infalibilidad divina, a parte de falso, siempre ha sido una buena forma de obstruir la discusión franca y la construcción política que imponen los nuevos desafíos, del mismo modo ocurre con la negación oportunista e interesada de sus enormes cualidades como líder y su innegable obra de gobierno por la justicia social y la consolidación de una Nación digna y soberana. Desde ambas miradas, Perón es des-humanizado. No es un líder, es la impotente pretensión de una deidad. De este modo la discusión política queda clausurada entre vástagos infecundos.

A cuatro décadas de aquellos acontecimientos, y luego de transcurridos más de 30 años de “recuperación democrática”, datos elocuentes de la realidad indican que no se ha podido recomponer un sistema político representativo de las demandas populares, que la Nación ha sido devastada y que el piso de justicia social otrora conquistado ha sido demolido.

Los llamados partidos políticos han quedado reducidos a la categoría de entes jurídicos, impermeables a la participación popular protagónica, mientras el proceso vital del acontecer comunitario se expresa en millares de organizaciones políticas, sociales, productivas y profesionales, y una minoría oligárquica expande sus negocios e influencias, apropiándose de competencias estatales en beneficio particular.

Hay que atreverse a pensar. Inventamos o erramos.

REVISTA EL DESCAMISADO, Mayo de 2015

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(1) El Negro” Andrés Framini, en 1944 era un joven obrero textil sometido a pésimas condiciones de labor, como todos los trabajadores. Él mismo recordaba: “Para mí eso era lo normal, pensaba que así era la vida de obrero que me había tocado ser y me la tenía que aguantar. Perón fue el que me dijo que eso no era así. Que eso era injusto y que había que cambiarlo y que se podía cambiar si nos uníamos con los compañeros en los sindicatos. Me abrió la cabeza. Desde entonces supe que no tenían derecho a explotarme”. Y así fue peronista toda su vida, nacido un 2 agosto de 1914, su currículum debe ser uno de los más nutridos, compactos y honrosos del movimiento obrero y del Movimiento Peronista. En 1955 con Perón en el exilio, “el negro”, se hizo cargo de la Confederación General del Trabajo, conformando junto a otros compañeros desde la clandestinidad la CGT Auténtica (1957). Secretario General del gremio de los Textiles también pasó a ser un referente obligado de la Resistencia Peronista. Por esa razón, fue encarcelado más de una vez. En marzo de 1962, por orden de Perón, fue candidato a Gobernador por la Unión Popular (el peronismo proscripto no podía presentarse como tal) y ganó las elecciones que el presidente Frondizi debió anular luego de efectuadas y desconocer el veredicto popular. Eran peronistas auténticos, hombres de honor, no de prebendas. Una de sus consignas electorales proclamaba:“Déle paso a un obrero en la provincia de los estancieros”, enfatizando en que “la tierra es un bien social y se ha de dar a quien la trabaje”. Sobrevivió a las dictaduras militares de Videla, Viola, Galtieri y Bignone en la más absoluta clandestinidad. Destacado dirigente de “Intransigencia y Movilización Peronista” (Montoneros), y de la expresión sindical “Agrupaciones Sindicales Peronistas”, hacia finales de la dictadura y comienzos del alfonsinismo. Murió con 87 años, el 9 de mayo de 2001.

(2) Sebastián Borro, Porteño, nacido en 1921. Fue uno de los hombres que construyó la historia del Movimiento Peronista, la Resistencia y el sindicalismo más combativo. Estuvo en Plaza de Mayo aquel inolvidable 17 de Octubre de 1945. Y puso el cuerpo para defender al gobierno del General Perón el día de los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. Obrero del gremio de la Carne, condujo la huelga y ocupación del Frigorífico “Lisandro de la Torre” por parte de los trabajadores, en contra de su privatización en enero de 1959. Fue esa, una de las páginas más gloriosas de la Resistencia Peronista, desde el mismo momento en que la lucha desigual entre obreros por un lado y policías (entre los que se encontraba como Jefe el comisario Alberto Villar) y ejército con tanques por el otro, se expandió por todo el barrio de Mataderos y zonas aledañas al grito de ¡Patria Sí, Colonia, No!”. Busquet Serra, presidente de la Corporación Argentina de Productores,le hizo saber a Borro y demás gremialistas que disponía de 25 millones de pesos para “negociar”: literalmente lo mandaron al carajo. Fue electo diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires en las elecciones, luego anuladas, en 1962, acompañando la candidatura a gobernador de Andrés Framini. Fue perseguido e imposibilitado de reinsertarse como trabajador en la actividad de la carne o de cualquier otra. Era un “marcado”. Alguna vez confesó: “…un dirigente sindical, para humillarme, me consiguió un trabajo para limpiar pisos en la Italo (Compañía Argentina de Electricidad) y me fui a limpiar pisos, porque más allá de lo que hubiese que hacer, yo siempre seguí siendo un peronista de alma, leal, que no iba a traicionar jamás…”. En el ejercicio de su lealtad asumió la responsabilidad de representar a Perón y al Movimiento Peronista ante la revolución cubana y el gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser.Fue electo concejal de la Capital Federal por el Partido Justicialista en las elecciones de 1987. También se destacó como un duro e intransigente opositor al gobierno encabezado por Carlos Menem. Falleció a la edad de 83 años, el 16 de julio de 2005.

(3) Armando Cabo, nace el 27 de diciembre de 1915, en Cuba. Su madre, embarazada, ha viajado paraencontrarse con su padre que se dedica a actividades de pesca y el nacimiento se produce accidentalmente en esa isla del Caribe. Luego, viajan a España y recién a los cuatro años, llega a la Argentina, con su familia.Ya adolescente comienza a desempeñarse como obrero metalúrgico en la empresa Instilar, en Tres Arroyos, donde se ha asentado con su familia.Al producirse el 17 de octubre de 1945, participa en el movimiento. Poco después, crea el Sindicato Metalúrgico de Tres Arroyos. Por sus dotes de dirigente sindical crece su figura, pasando a integrar el secretariado de la CGT junto a José Espejo, Isaías Santín y Florencio Soto. En 1955 encontrándose en funciones en la UOM los sorprende del 16 de setiembre de 1955. Inmediatamente, se moviliza para combatirlo: logra reunir 40 camiones, en Avellaneda, para armar una fuerza con trabajadores de diversos gremios, con la cual marchar a Córdoba para sofocar la insurrección del general Lonardi. Pero su proyecto se frustra al darse a conocer la renuncia del presidente Perón.A partir de ese día, integra “la resistencia”.Participa con fervor del regreso de Perón, del triunfo del 11 de marzo de 1973 y de la asunción del presidente Cámpora, el 25 de mayo del mismo año.En esa época, profundiza sus posiciones combativas, de fuerte crítica a la derecha lópezrreguista, como así también a la dirigencia burocratizada y conciliadora del peronismo, tanto sindical como política. El 6 de enero de 1977 sufre un doloroso golpe: su hijo Dardo es asesinado, aplicándosele la “ley de fugas”, en la provincia de Buenos Aires, cuando lo trasladaban de una cárcel a otra. En los años ochenta, su salud declina, pese a lo cual interviene en algunos actos reclamando a sus compañeros de partido que mantengan indeclinables las banderas del peronismo. En su modesta casa de la localidad de Morón transcurre sus últimos años, junto a Blanca, su compañera de toda la vida.. “No se le podía hablar de Menem y la política que estaba realizando porque se acongojaba mucho. Él, a quien no lograron sacarle palabra, aún cuando lo torturaron con la picana eléctrica, años atrás –recuerda Blanca- ahora se derrumbaba cuando alguien le comentaba la profunda degradación en que estaba cayendo el peronismo en manos de Menem”. Fallece en Morón el 4 de junio de 1996.

(4) Dante Viel, nació en Rosario, provincia de Santa Fe, en una Nochebuena de 1923. Trabajó desde muy joven, caracterizándose siempre por su liderazgo como delegado sindical.Participo en la Mutual de Trabajadores de la Administración Nacional de Puertos de Rosario adhiriendo a los postulados del nacionalismo. Viel impulsa la transformación de aquella primitiva mutual en un gremio y, ya instalado en Buenos Aires, sería uno de los fundadores de la Unión Personal Civil de la Nación. En los años cincuenta llega a ser su Presidente, y bajo su conducción al momento del golpe dictatorial de 1955 contaba con 360.000 afiliados, a punto de convertirse en una Confederación de Gremios Estatales. Caído Perón en 1955 se sumó de lleno a la causa de la Resistencia Peronista, lo que le valió despidos y persecuciones. Participó de la CGT Auténtica (1957) en aquellos momentos e integró el Consejo Superior Peronista más tarde.La última dictadura militar entronizada en 1976 lo obligó a un exilio interno del que salió indemne. Para 1982 fue uno de los fundadores de Intransigencia y Movilización Peronista (IMP) y un año más tarde denunció en Rosario junto a otros compañeros, el secuestro de Pereira Rossi y Cambiaso por las fuerzas represivas en retirada. Vuelta la democracia publicó un libro –“El Peronismo Vive”- desde el cual criticó duramente a los “mariscales de la derrota” electoral de 1983 y al alfonsinismo en su pretensión de domesticar al peronismo sindical. Fallece a principios del siglo XX a los 80 años de edad, en una humilde vivienda que alquilaba.

(5) Arnaldo Oscar Lizaso, “Toto”. Nació en Olavarría, provincia de Buenos Aires, el 6 de abril de 1920.Al igual que su padre, pasó primero por el radicalismo y luego por FORJA.En 1945 se pliega sin dudar al naciente movimiento de los trabajadores que postuló la candidatura para presidente de la nación del coronel Juan Domingo Perón. Integrante de una familia peronista con una trágica cantidad de miembros asesinados o desaparecidos. Precisamente la dictadura de Rojas y Aramburu asesina a su hermano Carlos en 1956. En una carta abierta al dictador Aramburu, decía premonitoriamente: “Mírese al espejo de la verdad y luego retírese a esperar la hora de la justicia divina, o de los hombres, pues usted está ya condenado”. Por su casa, siempre en la etapa de la Resistencia y la proscripción del Peronismo, pasaron las cintas que llegaban de España con la voz y los mensajes de Perón y se hacían escuchar en pequeñas reuniones de activistas. En las elecciones de marzo de 1962 que gana Framini y son anuladas por Frondizi, Arnaldo Lizaso fue elegido concejal en Vicente López, pero nunca pudo asumir. A partir de 1974 fue perseguido y condenado a muerte por las Tres A.Luego del golpe militar de 1976, fue obligado a exiliarse.Regresó a Argentina en 1982 (clandestino) y luego se radicó en Chile ante la posibilidad de ser nuevamente detenido en el gobierno de Raúl Alfonsín. Murió en 1995, a los 75 años.

(6) “El plan económico del gobierno popular“, El Coloquio, Buenos Aires, 1974. Véase también: Azpiazu, Daniel y Schorr, Martín, en “Oscar Braun: Un referente ineludible para interpretar el presente nacional“, en H-industria@ Revista de histroria de la industria argentina y latinoamericana, Año 2, Número 1, primer semestre de 2008.

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