AMANDA BEATRIZ PERALTA. #MujeresRevolucionariasAuténticas

AMANDA BEATRIZ PERALTA.

#MujeresRevolucionariasAuténticas

Nació en Bolívar, provincia de Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1939. Su padre y su madre eran radicales, al igual que sus abuelos.
En la militancia la conocieron como “La Negra”.
Estudió en un colegio religioso en Buenos Aires, dado que en Bolívar no existía una escuela secundaria con orientación hacia el magisterio.
Su compromiso político lo inició apenas producido el golpe gorila de 1955. Fue en la Ciudad Eva Perón, (hoy La Plata) a sus 15 años.
En testimonios que dejó por escrito relató la gesta revolucionaria del General Juna José Valle en 1956: “Me escapé a ver que pasaba ahí…había mucha gente alrededor de los muros del regimiento. De golpe se escuchan las descargas cuando lo fusilan al Coronel Cogorno. Yo no sé explicar porqué, pero a mí, eso se me clavó en el alma”.
Se suma a la Resistencia Peronista. Estudió hasta segundo año de Humanidades en la universidad de dicha ciudad. En 1962 viaja a Cuba y luego se suma al grupo del “Vasco” Bengochea.
Fue encarcelada entre 1964 y 1965 por actividades de agitación (pintadas clandestinas), en 1966 por adherir activamente a la huelga de los trabajadores porturarios y entre 1968 y 1971 por haber sido parte del Destacamento Montonero 17 de Octubre de las FAP en Taco Ralo, Tucumán. De esta última cárcel se fuga en una acción conjunta entre FAP y Montoneros.
En 1967 se suma a la Acción Revolucionaria Peronista (ARP), el grupo de John W. Cooke y Alicia Eguren y en 1968, ya como miembro de las FAP, es la única mujer de dicha organización armada apresada en Taco Ralo, Tucumán, tras la caída del campamento guerrillero.
Ya libre, se hizo cargo de la organización de las FAP en el conurbano sur y parte de la Capital, para luego sumarse a la FAP-17 de Octubre, de carácter mas movimientista.
Tras la dictadura genocida de 1976, mientras se encontraba clandestina en el país, debe exiliarse en el exterior. Su vida en Argentina se hacía imposible y ya no se podía garantizar su seguridad.
Cada vez que podía, viajaba hasta Francia a colaborar con el boicot al mundial de fútbol de 1978 y la denuncia a las violaciones a los derechos humanos.
Se juntaban todos los jueves ante la Embajada Argentina a denunciar a la dictadura y a explicarle a los franceses acerca del genocidio que ocurría en Argentina.
Aún enferma, recibía en su casa a cuanto exiliado llegaba a Suecia, sin hacer diferencia alguna en cuanto a que organización pertenecía.
En un reportaje que le hicieron poco tiempo antes de morir, testimonió:
¿En qué lugares militaste y durante qué años?
Yo milité en La Plata, empecé en 1955, a los 15-16 años. Más tarde, en 1965, me trasladé a Buenos Aires, al sur del Gran Buenos Aires: Avellaneda, el Dock, etc. Y Tucumán en el ’67-’68, naturalmente.
¿Cómo conociste a Cacho El Kadri?
Fue en el ’65 o ’66. Antes, estando en La Plata, nunca lo había visto.

Creo que me lo presentó Dardo Cabo, hijo de Armando, de la UOM de Avellaneda. Fue el compañero en quien Evita confió para cerrar la operación de recepción de armas enviadas desde Europa.

Dardo y yo habíamos estado presos en Coordinación Federal en el ’64 y nos habíamos hecho amigos.

Fue en alguna reunión que conocí a Cacho y supongo que en relación a JP o los telefónicos. Yo en esa época militaba en ARP, el grupo de John W. Cooke.
¿Cómo va surgiendo la idea de Taco Ralo? ¿Cuáles son las discusiones previas?
Por mi parte, ya hacía tiempo que andaba con la idea de organizar un foco rural. Lo había intentado antes con el grupo del Vasco Bengoechea en el cual participamos algunos de JP La Plata y también de JP Córdoba.

Eso fracasó con la explosión de calle Posadas y, después, caí presa.

Al salir entré en contacto con ARP siempre con la idea de armar un foco rural en Tucumán.
En el ’67, Néstor Verdinelli y yo salimos de ARP, porque no concretaban el foco rural.

Ahí tomamos contacto con otros que pensaban como nosotros: David Ramos, Eduardo Moreno
Se va haciendo una cadena y entre los contactos que aparecen un día nos encontramos con Cacho y Carlitos Caride.
Nuestra teoría era que el único modo de “iniciar” un foco es “iniciándolo”.

Es decir, dando los pasos concretos necesarios para subir al monte: conseguir dinero, armas, equipos y combatientes a través de empezar a operar aunque fuésemos dos o tres locos sueltos.

Resulta que de golpe descubrimos que éramos unos cuantos los que pensábamos lo mismo.
Nos juntábamos en una casa que Verdinelli, Ramos y yo teníamos en Temperley.

Ahí va madurando la teoría de las dos patas, que consiste en ver el foco rural y el foco urbano como igual de necesarios.

La gente elegía si quería irse al monte o ser urbano. Néstor, Cacho, David y yo estábamos anotados desde el vamos al monte.
Una discusión previa importante trató de los nombres.

El grupo rural se llamaría Destacamento Montonero y el urbano Destacamento Descamisado.
FAP se eligió como nombre de la organización porque considerábamos importante marcar desde el vamos el carácter peronista de esa lucha e impedir maniobras macartistas de los milicos, con su discurso de combatir el comunismo.
¿Cómo transcurrió la vida en esos días del monte Tucumano?
Nos dedicamos a tratar de integrarnos entre nosotros.
La gente venía de diferentes partes del país.
Algunos estábamos integrados, habíamos operado juntos, etc., mientras que otros eran desconocidos.
Nos dedicábamos a hacer cursos, practicar, caminar, charlar, cavar trincheras.
Nada demasiado espectacular.
Vivíamos en una carpa grande, hacía mucho calor de día y mucho frío de noche.
El período de cárcel luego de Taco Ralo ¿dónde lo pasaste?
Por ser mujer, me separan de los compañeros.
Ellos pasaron toda la cárcel en grupo pero yo, aislada.
Para peor, el primer tiempo no había otras presas políticas así que el aislamiento era grande.
Los abogados y algunos parientes cumplieron un rol enorme para que pudiéramos mantener el contacto de cárcel a cárcel.
Primero nos tuvieron en la jefatura de Policía de Tucumán.
De ahí, nos llevaron en avión Hércules del Ejército, a Coordinación Federal.
De ahí nos pasearon por diversas unidades (Federal de Ramos Mejía; Temperley; la 2ª de Lanús, etc.); siempre incomunicados.
Estuve también en una unidad policial para mujeres en La Plata.
Al final, me llevaron a la cárcel de mujeres de Olmos y ahí me levantaron la incomunicación.

Ya era noviembre.
El 22 de ese mes, me acuerdo porque es mi cumpleaños, me levantaron en la noche y me trasladaron en secreto a la cárcel de San Nicolás.
Ahí quedé hasta mayo de 1970, cuando el juez federal Weschler me hizo trasladar a la cárcel de mujeres de la Capital, en Humberto Iº. De ahí, en una operación diseñada y llevada adelante por Montoneros, pude fugarme.
La Negra Peralta, falleció lejos de su Patria, en Gotemburgo Suecia, el 2 de enero de 2009. Había podido volver a reencontrarse con los suyos un puñado de veces.

Nunca dejó de creer en la necesidad de hacer la revolución hacia una Patria Libre, Justa y Soberana.

Pocos hoy la recuerdan. Mujer, peronista y combatiente.

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