AL PUEBLO PERONISTA: NO VOTAR A MACRI

Se aproximan tiempos definitorios, y no es joda. No estamos ante una elección más. Un sector de la elite empresaria concentrada (en otros tiempos lo llamábamos “oligarquía”) ha logrado organizar una fuerza política para hacerse cargo directamente del control político del aparato estatal. No es que hasta ahora no ejercían ningún control, sino que lo hacían como factor de poder externo. Ahora su poder económico derivó en fortaleza política sin necesidad de administrar mediaciones, incorporando a su esquema de poder sectores sociales subalternos. Esto es Cambiemos, que se ha puesto de pie con la Coalición Cívica de Carrió y la UCR como muletas para llegar a la presidencia de la Nación. Es decir; se trata de una clase social organizada políticamente, un partido de clase con un claro proyecto de país y su respectivo modelo económico, el que podrá tener muchas denominaciones pero que se define en términos prácticos en pensar toda política pública bajo el imperio de sus intereses de empresa. No piensan una Nación, piensan en un Estado subsidiario de sus intereses sectoriales. Suponen -cínicamente- y en el mejor de los casos que el derrame por goteo de sus oportunidades de negocios beneficiará tarde o temprano al resto de la población.Los datos de la realidad luego de tres años y medio de Cambiemos en el gobierno nos muestran una catástrofe generalizada en vías a un colapso profundo. Esto está a la vista de todos. Es más, muchos datos de esta realidad los difunde el mismo gobierno, el que en simultáneo se encarga a diario de ratificar el rumbo, advirtiendo que su intención es acelerar aún más en la misma dirección. Y todo ello lo dicen y lo hacen con la moral bien en alto confiados y seguros de sus propias fuerzas como toda clase cohesionada tras un objetivo político.

¿Y por casa cómo andamos? El peronismo desde hace décadas es un desparramo de improvisaciones, roscas y agachadas y hace rato dejó de sintetizar políticamente a la clase trabajadora nacional. Abundan caudillismos sectoriales y sectarios, unos más representativos que otros, pero ninguno con la capacidad política de orientar una recomposición orgánica del conjunto del movimiento tras el objetivo supremo de la justicia social. El empresario Macri en la presidencia de la Nación es la demostración elocuente de la ineptitud e ineficacia de la dirigencia peronista. La discusión política programática está vedada y en el mejor de los casos herméticamente cerrada en laboratorios de “expertos” o bien librada a la holgazanería intelectual de “todólogos” de toda laya. Muy lejos estamos de la producción intelectual y científica de aquel Consejo Tecnológico Peronista conducido por Rolando García y su grupo de colaboradores articulados con la militancia política y sindical.

De este modo, la campaña electoral fragmentada, sin un discurso unificado y coherente, se parece más a una pista de autitos chocadores que a una fuerza política con vocación de poder a tenor de las circunstancias históricas que nos convocan. Sin embargo, no es lugar ni momento para planteos quejosos, ya habrá tiempo para organizar la crítica en su medida y armoniosamente. Hoy la urgencia es la derrota electoral de esta facción de clase a cargo del gobierno, y no precisamente porque vaya a sentirse afectada en sus intereses económicos, los que hoy dicho sea de paso no están en discusión. Sino porque precisamente una derrota electoral podría derivarse en un serio cuestionamiento político de las bases de su poder económico de clase, ante el escaso margen de maniobra que tendría un eventual gobierno peronista si persiste en mantener el mismo modelo sistémico, aunque con otro esquema de negocios. El núcleo ideológico de Cambiemos es sustancialmente débil y de fundamentos inverosímiles, el problema es la ausencia de otro núcleo ideológico que lo interpele. He aquí otra fortaleza del gobierno: su convencimiento ideológico, cosa que a nuestro humilde criterio no notamos en el expandido océano peronista a tenor de las premisas de su mandato histórico.

En este marco de situación entendemos que los peronistas tenemos que volver a arrejuntarnos desde abajo, por intuición, por olfato, organizarnos rápido sin roscas ni solemnidades, de forma sencilla y práctica como sabemos hacerlo, para convencer y convocar a NO VOTAR A MACRI. Y no sólo para evitar su triunfo, lo que sería catastrófico, sino también para retomar la discusión de qué debemos exigir y qué debemos esperar de un gobierno peronista, y una agenda partidaria para rescatar al Partido Justicialista de la rosca chiquita, del “quiosquito” y la chantada de consultores y gurúes marketineros. De calle en calle, de casa en casa, circulará la verdad, y seguramente cada compañera, cada compañero, sabrá qué hacer como todo peronista con su bastón de mariscal en la mochila.

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