Sindicalismo y Lealtad. Reivindicación y actualidad del movimiento sindical, hacia el 17 de octubre, día de la Lealtad Peronista

Intervención del compañero Rubén Famá, militante del Movimiento Peronista Auténtico en el Primer Encuentro «Sindicalismo y Lealtad. Reivindicación y actualidad del movimiento sindical, hacia el 17 de octubre, día de la Lealtad Peronista», organizado por la Coordinadora Juventud Sindical Fempinra, este pasado miércoles 16 de octubre:
«Siempre hubo cierta inercia al momento de ejercitar nuestra memoria histórica de caer en una narrativa de vencedores con un destino inexorable que se cumple, para concluir en recordatorios cuasi-lacrimógenos de pasadas efemérides heroicas en color sepia. Hoy nos proponemos algo distinto. El conocimiento del pasado -y en especial para los trabajadores- nos liga con las vivencias presentes, porque hoy y aquí radican las claves de aquellos tiempos. Si “la anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono” y no a la inversa; seguir el orden inverso al despliegue evolutivo de los hechos no sitúa en la densa materialidad de la historia que ahora estamos protagonizando y nos proyecta al futuro.
El compañero Rodolfo Walsh, era incisivo al respecto: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”
Diversas miradas desde siempre han menoscabado la inteligencia y el sabio olfato político de los trabajadores argentinos (muy difundidas, precisamente por voceros de los dueños de todas las otras cosas). Sostienen que el hecho de haber declarado la huelga el 16 de octubre de 1945 para el 18 y no el 17 entrañó por parte de la CGT y demás organizaciones sindicales (USA y autónomos) una posición de retaguardia en los acontecimientos, y que en el mejor de los casos sólo sirvió de homologación de un hecho ya consumado. ESTO ES FALSO. ROTUNDAMENTE FALSO. Esta versión edulcorada del espontaneísmo insurreccional de una “clase trabajadora-supuestamente- disponible” hipnotizada por la imagen de un líder carismático, es producto de una mirada peyorativa no ya de la realidad del sindicalismo de la década del 40 del siglo pasado y de la estatura política de Perón, sino del extenso itinerario de la conformación de una clase trabajadora nacional como sujeto político. Una paciente urdimbre social y política que comenzó a tejerse a comienzos de la década del 60 del siglo XIX y que desembocara estruendosa en las jorandas de octubre del 45.
La reunión plenaria del Comité Central Confederal de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina, del martes 16 de octubre de 1945 cierra la sesión según consigna el acta respectiva siendo las 23.45 horas. El comunicado final luego de largas horas de debate público y deliberación participativa democrática (quizá como ningún otro cuerpo colegiado de representación social haya ejercido en aquellos días) declaraba la huelga general nacional para el 18 de octubre y fijaba los objetivos:
1. Contra la entrega del gobierno a la CSJN y contra todo gabinete de la oligarquía.
2. La formación de un gobierno que sea garantía de democracia y libertad para el país y que consulte la opinión de las organizaciones sindicales.
3. El levantamiento del estado de sitio, y por la libertad de todos los presos civiles y militares que se hayan distinguido por sus claras y firmes convicciones democráticas y por su identificación con la causa obrera.
4. El mantenimiento de las conquistas sociales y ampliación de estas. Aplicación de la reglamentación de la ley de asociaciones profesionales.
5. Firma del decreto-ley sobre el aumento de sueldos y jornales, salario mínimo y móvil, y participación en las ganancias.
6. Resolución del problema agrario mediante el reparto de la tierrra al que la trabaja, y cumplimiento integral del Estatuto del Peón.
MIERCOLES 17 DE OCTUBRE.
En pocos minutos asomaba el día en que la intervención política de los trabajadores organizados en sus sindicatos arrancó una victoria memorable a la elite oligárquica de la época conformando una auténtica placa tectónica en la historia nacional.
El andamiaje sindical estuvo presente desde el primer momento, acelerándose el día de la renuncia de Perón, el martes 9 de octubre. El estado de alerta de la clase trabajadora si bien fue canalizado por una estructura emergente alternativa a la de la CGT, no quita que en el ámbito organizativo de esta misma se llevó a cabo la discusión y la resolución de fondo, y que ya el lunes 15 de octubre decretó el estado de alerta, siendo que la Comisión Administrativa elegida declara la huelga general ad referendum del plenario convocado para el 16, legitimando e impulsando el estado de efervescencia y movilización de los trabajadores para pasar a la acción política.
El miércoles 17 de octubre por la mañana temprano la CGT, junto con otras organizaciones no federadas constituyeron el Comité Nacional de Huelga, compuesto por Silverio Pontieri, Néstor Alvarez, Juan Ugazio por la CGT, Luis Gay por USA y Angel Borlenghi por los autónomos, emitiendo ante todo la instrucción a dirigentes y delegados de hacer abandonar el trabajo a las 17 horas. Su primer entrevista fue con el Ministro de Guerra General Avalos. En dicha ocasión se le pone de manifiesto en tono enérgico que la huelga por ser general y nacional no sería revocada bajo ninguna condición. Luego de un arrebato de matonismo uniformado del general Avalos y ante la firmeza de la postura sindical, el Ministro de Guerra ofrece garantías por la seguridad de Perón afirmando que no se encontraba detenido y facilitaba a los trabajadores la radio oficial para que desde ella transmitieran esas garantías y consecuentemente se anunciara la anulación de la huelga. Doblemente enfurecido, con amenazas de por medio, Avalos no encontró otra respuesta que la reiteración del petitorio resuelto por el C.C.C., por parte de los dirigentes sindicales, recordándole que habían contraido la responsabilidad como miembros del Comité de Huelga.
Una movilización de trabajadores inédita hasta ese entonces se había desatado, vanguarizada por dirigentes y militantes sindicales que si bien actuaron en discordia con el consejo directivo de la C.G.T., nunca renunciaron a su pertenencia y por el contrario llevaron sus posturas para dirimirlas en el seno de sus cuerpos orgánicos. A las horas de la media tarde el general Avalos asume su fracaso, reflejo del fracaso de una clase política moribunda, y decide iniciar conversaciones con Mercante a quien restituye su libertad. A esas horas la Plaza de Mayo y las arterias adyascentes empezaban a nutrirse de familias trabajadoras movilizadas. Luego de las 17 horas como consecuencia del temprano abandono de los puestos de trabajo dispuesto por el Comité de Huegla de la CGT, se desató un flujo de movilización masivo indetenible y apabullante. Avalos, Vernengo Lima y demás conspicuos representantes de la elite oligárquica acorralados, pactan la rendición en frenéticas negociaciones entre la casa de gobierno y el hospital militar, donde residía Perón.
Concluido el acuerdo de palabra, Perón se dirige junto al presidente General Farrel a la residencia presidencial para planificar los últimos movimientos a efectos de sellar el acuerdo. Hasta allí también se dirige el Comité de Huelga. En la reunión los dirigentes sindicales solicitan que se designe a Mercante al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión como garantía de la perduración de las conquistas sociales y su ampliación. Asimismo proponen a Perón que en vez de dirigirse a los trabajadores por la radio oficial, se dirija personalmente a los balcones de la casa rosada para hablarles a los trabajadores reunidos desde hace horas en la Plaza de Mayo.
A las 23.10 horas del 17 de octubre de 1945 el coronel Juan Domingo Perón asoma en uno de los balcones de la casa de gobierno. Estalla la multitud reunida, sabiéndose protagonista de un triunfo histórico. Se consumaba así, como el mismo Pérón ponía de resalto en su discurso “el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación”.
Es cierto que se conjugaron muchos factores, entre otros: funcionarios leales que aún no habían sido desplazados, el extravío delirante de la dirigencia política opositora, la avaricia miope sin rumbo de empresarios y latifundistas, la inverosimilitud de la prensa canalla, el sostenimiento de cierta solidaridad de la corporación militar, las vacilaciones de Avalos y Vernengo Lima, la no intervención de la guarnición militar de Campo de Mayo, las inoportunas intervenciones públicas de nuevos funcionarios que exasperaron los ánimos de los trabajadores; pero todos estos factores quizá hubiesen quedado licuados en el fragor de disputas de palacio sin la intervención de aquellos militantes y dirigentes sindicales que deciden reunirse en Quilmes el mismo martes 9 de octubre al mismo tiempo que Perón renunciaba a todos sus cargos, para pasar A LA ACCIÓN POLÍTICA.
En aquellos tiempos la región metropolitana no era en pleno auge urbano una urbe en la que fuera concebible la propagación de un movimiento de masas por contagio. Ello fue posible por la rápida coordinación de los comité de huelga surgidos en los distintos barrios de la periferia fabril. Del mismo modo, en el mismo momento que la movilización acontecía en la ciudad de Buenos Aires, movilizaciones similares se sucedían a kilómetros de distancia en las principales ciudades de las provincias. Esto pone de manifiesto el funcionamiento enlazado de la estructura sindical en toda su dimensión, que nunca perdió de vista a la CGT como única entidad madre, buscando en ella la unidad de acción para garantizar la eficacia de esa extensa y multiforme movilización de la familia trabajadora argentina. Y también quizá allí radique el sustrato social y político de lo que luego fuere consagrado normativamente, es decir, el modelo sindical de unicidad promocionada, puesto que la estructura sindical argentina la podemos ejemplificar como una pirámide, en cuyo vértice encontramos a la CGT y, en la base, los delegados del personal, comsiones internas y organismos similares, que son el órgano sindical de la empresa, y la forma de representación de los trabajadores. En el medio de la pirámide aparecen los sindicatos, uniones, federaciones y confederaciones por rama de actividad.
De las estructuras de base nació el principal impulso hasta el lanzamiento de la huelga general dispuesta por la CGT que entornó la movilizacion obrera, otorgándole una dirección eficaz, y por sobre todo una vocación política para la disputa de poder.
Emergía así una nueva fuerza social en la vida política del país de calidad organizativa superior. El “hecho sindical” como conflictivo huesped del orden político y jurídico se institucionalizó definitivamente y se asumía a su vez como acontecimiento histórico coadyuvando a la consagración plesbiscitaria del liderazgo indiscutido del coronel Perón. Ya nada volvería a ser como antes. Una voluntad organizadora sincronizó la movilización obrera estimulando un intento revolucionario, signado por el protagonismo POLÍTICO de la CLASE TRABAJADORA NACIONAL.
Inmediatamente después del 17, el 19 de octubre, Libertario Ferrari (ATE) desde el seno de la C.G.T., planteó: el problema que crea al país la intromisión del imperialismo extranjero por intermedio de su personero máximo Mr. Braden. Además proponía la adopción de medidas fundamentales para recuperar la economía nacional, tal como la nacionalización del Banco Central. Estas definiciones fueron favorablemente receptadas por el C.C.C. A su turno el Partido Laborista fundado por los dirigentes sindicales y que sirviera de plataforma electoral para el triunfo del 24 de febrero de 1946, contemplaba en su programa la nacionalización de los servicios públicos y las fuentes minerales esenciales para el desarrollo de nuestra industira, así como la adopción de todas aquellas medidas que nos lleven a crear las bases de nuestra independencia económica.
En plena campaña electoral la C.G.T., se pronuncia enfáticamente respecto a la intromisión de EE.UU en los asuntos internos nacionales: Trata a nuestra Patria como si ésta fuera una colonia dependiente de intereses foráneos, menoscabando y lesionando gravemente la dignidad y la soberanía nacional.
El 24 de febrero de 1946 se impone el Partido Laborista en elecciones presidenciales por el 55 % de los votos con la fórmula Perón-Quijano, derrotando a la de Tamborini-Mosca de la Unión Democrática. Daba comienzo así un ciclo histórico en el que la clase trabajadora argentina desarrolla una calidad organizativa superior comulgando sus intereses con los de la Nación para la construcción de un nuevo Estado de Justicia Social.
El año 1944 encontraría a los trabajadores organizados “mirando a los ojos” de sus empleadores y un año más tarde sincronizando una movilización popular implacable; en décadas sucesivas esa mirada se fue elevando hacia el horizonte, hasta el punto de enarbolar un proyecto de Nación explicitado en los programas de La Falda (agosto de1957), de Huerta Grande (junio de 1962), de la CGT de los Argentinos del 1° de mayo de 1968, el acuerdo del 8 de junio de 1973, los 26 puntos de la CGTRA y el documento de Mar del Plata del 18 de septiembre de 2009 de la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista.
De este último es oportuno traer a colación algunas de sus definiciones: “Se trata de una transformación cualitativa que exige los dolores de parto de la liberación. No se trata del “buen gerenciamiento” de un país colonial o de preservar el Status quo a través de gestiones “transparentes”… El Peronismo no se reduce a una “maquina de ganar elecciones”. El Peronismo es un movimiento para la liberación nacional…El dirigente es esclavo de la causa, sirve al Pueblo, y por eso construye la política en el territorio, en el barrio, en la fábrica. El pueblo debe volver a ser el protagonista… Tenemos que volver a recrear la política detrás de las ideas, para eso necesitamos de la discusión y el debate. Que aflore de abajo hacia arriba la consigna, desde los cimientos que son nuestros orígenes, hasta el techo que son nuestros sueños”.
En estos tiempos tan difíciles y contradictorios, con un sistema político moribundo y un rumbo insostenible e intolerable como Nación, es urgente la tarea de retomar el debate político e ideológico para amalgamar un pensamiento y PASAR A LA ACCIÓN POLÍTICA, evitando la alienación y disgregación de las fuerzas sociales que costó más de un siglo reunir.
Quizá haya llegado el momento de poner en valor el poder político del sindicalismo argentino como genuino representante de la clase trabajadora nacional para la construcción del nuevo Estado con nuevas pautas de ciudadanía y una profunda democratización en el mundo del trabajo y participación política de masas. La clave de bóveda del poder político del sindicalismo no reside sólo en la fortaleza de sus propias estructuras organizativas, las que pueden verse sometidas a los vaivenes de cada coyuntura al punto de su desarticulación; sino en la medida que su representatividad y protagonismo se canalice en la construcción de un Estado de Justicia Social.
Aún retumba el eco del intento revolucionario de aquel octubre del 45, que hoy estemos aquí reunidos reflexionando de todo esto es prueba de ello. La historia pasada es fluida, inestable y su sentido está en suspenso y por determinar. No sólo somos responsables del presente y del futuro, sino también del pasado. Aspiramos a mantener el pasado inacabado, nos negamos a aceptar su apariencia concluyente como la última palabra, para abrirlo nuevamente reescribiendo su aparente fatalidad bajo el signo de la justicia y la libertad.
“TOMO EL HILO DE ESTA PUNTA Y AL DESATAR LA MADEJA, VERÁN QUE SIEMPRE CON QUEJAS ANDAN LOS SUEÑOS EN YUNTA, Y EN EL RECUERDO QUE PASA ME PEGUNTO SI MI RAZA, COMO ESE FUEGO AGONIZA, O SI ESTÁ ARDIENDO LA BRASA Y HAY QUE SOPLAR LA CENIZA”.
Arturo Jauretche, Poema de Paso de los Libres, 1932.
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