FRAGMENTO DE BASES PARA LA FORMULACION DE UN NUEVO PROYECTO NACIONAL II

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“…Los indicadores culturales, socioeconómicos y políticos actuales, nacionales, provinciales, municipales y locales en nuestro país, así como regionales y mundiales, constituyen hoy escenarios significativamente diferentes a los de décadas pasadas, ya que las consecuencias del modelo socioeconómico aplicado en el país en las últimas décadas avanzaron progresivamente en el deterioro del escenario cultural de la Nación, hasta situarnos hoy en el marco de lo que podríamos denominar como una situación de catástrofe desde el
punto de vista cultural con sus implicancias económicas, sociales y políticas.

De 1884 a 1914, el PBI por habitante, creció 67 por ciento; de 1914 a 1944 otro 40 por ciento. En 1944 comienza el ciclo, de 30 años, de mayor prosperidad: el PBI por habitante creció 70 por ciento. A partir del llamado “rodrigazo” y del plan de Martínez de Hoz, cambió abruptamente los supuestos de la política económica. En los siguientes 30 años el PBI por habitante sólo creció, de punta a punta, 3 por ciento (2004).

En 1974 un millón de habitantes sufrían distintas situaciones de pobreza; en 2004 superaban los quince millones. Hasta 2004 hay consenso en las cifras del INDEC.

También hay consenso en las cifras hasta Agosto de 2006 que indicaban más de 12 millones de pobres, es decir; más de un 30 por ciento de la población; y más de 4 millones de indigentes. La tasa de desempleo en 1974 era de 4 por ciento; y la de 2004 fue de 16 por ciento. Entre 1944/1974 el PBI industrial aumentó en ese período 313 por ciento. Los treinta años siguientes constituyen la etapa de decadencia, de la aniquilación del Estado y el endeudamiento gestado por el dominio del pensamiento financiero barnizado en muchos casos de retórica desarrollista. El PBI industrial, en la segunda etapa de 30 años, creció sólo 9 por ciento. La deuda en 2004 era 50 veces la de 1974: el que no produce competitivamente se endeuda.

Ahora bien, dicha situación ¿es percibida por igual por toda la población que resultó agredida por la implementación del modelo socioeconómico liberal y/o desarrollista? Sin dudas que no, ya que en cada etapa de deterioro del escenario cultural resultaron seriamente afectados sectores de población diferentes entre sí, y el exacerbamiento del individualismo en búsqueda de la “salvación” hizo el resto.

Se minimizaron o perdieron valores que conforman la dignidad humana, entre ellos: los de la solidaridad, no solo entre grupos o entre personas de diferentes clases sociales agredidas, sino incluso al interior de una misma clase; también los que motivaban el rechazo activo a toda situación de injusticia social; prescindiendo en el mismo de la identidad de los agredidos por dicha injusticia; entre otras pérdidas de valores culturales.

Un claro síntoma de esta pérdida de valores es sin duda el fenómeno de la grotesca expansión del trabajo esclavo involucrando a millones de trabajadores, práctica que se lleva a cabo a la vista de todos.

El exacerbamiento del individualismo impactó negativamente en las capacidades de los integrantes de la gran mayoría de las organizaciones sociales (sean gremiales, políticas, religiosas, etc.) para enfrentar en conjunto las implicancias negativas del modelo socioeconómico vigente, delegando por acción u omisión a presuntos o auto-propuestos “salvadores”, la oportunidad de la toma de decisiones que deberían concurrir a la superación de los efectos del estado de catástrofe, sin reparar que, éstos, constituyeron y constituyen una parte del conjunto de ejecutores de dicho modelo.

La magnitud y velocidad de los cambios culturales negativos ocurridos en las últimas décadas, si no son percibidos como tales, pueden constituirse en una restricción casi insuperable para poner en práctica respuestas eficaces. Es en esta perspectiva que las propuestas que presentamos a continuación en ajustada síntesis, tienen como principal objetivo cumplir el papel de disparadores en la búsqueda de la definición de un programa con la participación protagónica de quienes asuman como propia la necesidad de avanzar en la reversión de la tendencia de catástrofe y a su vez por un nuevo proceso político de construcción de un Estado de JUSTICIA SOCIAL.

Pero además, las propuestas que a continuación se puntualizan, parten de asumir que el modelo “nacional” implementado por los sucesivos gobiernos constitucionales y las dictaduras cívico – militares, prácticamente desde mediados de los años 70 del siglo XX, por solo referirnos a las décadas más recientes de la historia nacional, no dio ni podrá dar respuestas positivas a la problemática socioeconómica de la mayoría de la población, aun cuando en algunos momentos pueda llegar a percibirse una relativa atenuación de los efectos negativos del modelo, aun en el marco de una de las tantas crisis del capitalismo a nivel global. Ello implica que las propuestas presentadas parten de asumir la certeza de que, de continuar en operaciones el actual modelo de crecimiento, no habrá soluciones de fondo, estructurales, a los problemas que padece la mayoría del PUEBLO ARGENTINO…”

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