EL «ANGEL» DE LOS ASENTAMIENTOS


Un 5 de junio de 1988 fue acribillado a balazos Agustín Ramírez, el “Capi”, militante barrial de San Francisco Solano.
Comenzó su tarea militante acompañando al Padre Raul Berardo, con quien compartía su fe católica, su militancia barrial en la Jotapé y los inolvidables “fogones juveniles”.
Estos “fogones” eran una actividad militante que llevábamos adelante militantes de muchísimas capillitas barriales por todo el Gran Buenos Aires.
La idea de los “fogones” arrancó con el Padre Roberto Musante, en el asentamiento “22 de Enero” en Ciudad Evita, La Matanza; luego fue tomada por los compañeros de San Cayetano, en Liniers, por los curas de San José Obrero en la Villa 31, por los curas del asentamiento “Carlos Caride” de Boulogne, en Zona Norte y continuó por Zona Sur con los Padres Berardo, Natalio y Eliseo Morales.
Estas actividades consistían en juntarse los sábados por la noche con los jóvenes marginales del barrio, los chorros, los drogones, los borrachines de las esquinas, con la idea de alejarlos de las adicciones y comprometerlos en tareas solidarias, culturales y en la lucha por la tierra.
El “Capi” militaba en las comunidades eclesiales de base, en la zona de Quilmes. Un tipo que fue desarrollando una enorme acción solidaria y que se formó en la Iglesia de los pobres. En la iglesia que “reza” pero que también “hace”. Y desde allí, respondiendo a una terrible necesidad de la época, que lamentablemente persiste hasta hoy, tuvo un rol protagónico en la toma de tierras improductivas para la construcción viviendas dignas en las barriadas del conurbano sur.
La noche en que fue asesinado, junto con otro pibe, Javier Sotelo de 17 años, estaba buscando chapas, alambres y maderas para el nuevo asentamiento que estaban levantando, “Tierras de Jesusalem”, donde ya vivían 300 familias.
Su pelea por la tierra le dio muchísimos amigos, y también unos cuantos enemigos, que no soportaban el avance de la organización popular. Estos enemigos, los políticos de la zona, algunos comerciantes, los traficantes y dealers, creían que deshaciéndose de Agustín, se acabaría el problema.
Así fue, que lo mataron, cobardemente, junto a Javier Sotelo, luego de una razzia en la que amedrentaron a todos los vecinos miembros de las diferentes comisiones barriales.
Pero no se imaginaron que la memoria popular terminaría venciendo y el Capi se convertiría en un mito para los nuevos vecinos de los asentamientos,, resucitando en los brazos de cada uno de los que siguen peleando por la tierra y por la dignidad.
De hecho, la calle donde vivía, hoy lleva su nombre, al igual que otro asentamiento en Florencio Varela, y una Escuela de la zona.
Las ocupaciones de extensiones de tierra improductiva en el Gran Buenos Aires, tuvo su auge en los años 80, cuando terminaba la dictadura militar. Esto respondía a una situación que aún persiste, de falta de vivienda, de falta de oportunidades, de trabajos escasos y mal pagos, en fin, de falta de Justicia Social.
Así fue que vecinos de los barrios comenzaron a tomar las tierras improductivas, muchas de ellas enormes basurales, para limpiar, desmalezar e ir construyendo la vivienda familiar propia, urbanizando los barrios, dando pelea por los servicios públicos, desarrollando programas sanitarios, culturales, etc.
Agustín y otros compañeros editaban la revista “Latinoamerica Gaucha”, con temas eclésiasticos, culturales y también con contenidos que denunciaban a la inacción municipal, provincial y nacional del Estado.
Por supuesto, la respuesta fue la difamación y la represión.
Junto al Gallego Javier Iglesias, también asesinado en 1996, Agustín Ramírez, el “Capi”, se convirtió en el mártir de los pobres que luchan por la tierra y la vivienda digna.
Hoy, el problema de la tierra, sigue sin resolverse. Los gobiernos que se sucedieron desde la dictadura militar a la fecha, siguen haciéndose los distraídos. Mientras tanto, el Angel de Agustín, el “Capi”, sigue sobrevolando las luchas populares y acompañando las tomas de tierras en la búsqueda de dignidad.
Como ayer fue “Tierras de Jerusalem” o “La Sarita”, hoy son “Campo Tongui” o “La Palangana”.

La injusticia sigue. La lucha también.
HOMENAJE DEL MPA, MOVIMIENTO PERONISTA AUTENTICO A LA MEMORIA DEL COMPAÑERO AGUSTIN CAPI RAMIREZ

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