SIN TRABAJADORES NO HAY PATRIA – FELIPE VALLESE, UN GRITO QUE ESTREMECE

«…Felipe, querido nuestro, no te creas
esto se acabó, ahora florecerán los tambores,
perdón por tanto traidor por tanta nada,
perdón por la margaritas y las regaderas,
al pie de tu sangre con la mano en argentina te juramos,
no te bajaremos con velas temblorosas…»

Fragmento de «Felipe» por Julio Huasi

Corrìa el 23 de agosto de 1962. En la calle Canalejas, frente al número 1776, un hombre joven se abraza desesperado a un árbol. Siete personas armadas tironean de él, lo golpean y, por fin, logran separarlo del árbol y lo meten en Fiat 1100, que parte raudo, dobla por la calle Trelles y se pierde.

Ese hombre se llama Felipe Vallese, tiene 22 años, un hijo de tres, es delegado gremial en la fábrica metalúrgica Tea, militante de la Juventud Peronista y nunca más aparecerá.

Un periodista, Pedro Leopoldo Barraza, en un trabajo de inspiración Walsheana, hará una prolija investigación de este secuestro, que publicará en ocho entregas en los periódicos 18 de Marzo y en su sucesor, Compañero.El trabajo de Barraza denunciará una serie de encubrimientos policiales, judiciales, omisiones y falsedades que son solo el preanuncio de lo que después, 14 años después, serán la moneda corriente, perfeccionada y instalada como doctrina de guerra.

Vallese es secuestrado porque la Policía de la Provincia estaba detrás de los rastros de Alberto “Pocho” Rearte, y estaba detrás de Rearte porque pensaba que había tenido que ver con la muerte de dos sargentos de esa fuerza, en la calle Gascón en la Capital Federal. Pero en realidad lo que había sucedido es que la policía provincial había allanado esa vivienda, detrás de una supuesta célula peronista revolucionaria. Y la Federal, que no estaba enterada, intenta a su vez copar el lugar: en el consiguiente tiroteo, quedan muertos los dos policías provinciales. Para encubrir éste hecho, inventan la responsabilidad de Pocho Rearte, hermano de Gustavo.Felipe es conducido a la comisaría 1º de San Martín, ya herido en la cabeza cuando intentó resistir el secuestro. El oficial Juan Fiorillo lo tortura personalmente. Luego es llevado a la comisaría de Villa Lynch, ya en muy mal estado, lo que no impide que lo sigan torturando con picana eléctrica y golpes. Consigue sacar, por intermedio de un preso común que sale en libertad, un papel de cigarrillos donde anota su nombre, y el número de teléfono de la UOM y de la fábrica. Fernando Torres, abogado de la UOM, pide al juez federal de San Martín el allanamiento de la subcomisaría, pero el magistrado se limita a pedir informes, que son negativos: ninguna fuerza –ni la Federal ni la policía de la Provincia- reconocen tener a Vallese, a su hermano Italo y a tres personas más detenidas en los procedimientos. Ante la fuerte campaña iniciada por los compañeros de Vallese, el 3 de septiembre la policía da a conocer un comunicado en donde reconoce haber detenido a un grupo de personas en José Ingenieros, acusadas de poseer armas y panfletos. Pero Felipe no está entre ellos. Presumiblemente, ha muerto en manos de sus captores. Su cuerpo nunca aparecerá.

En mayo de 1971, el juez en lo penal de La Plata, Rómulo Dalmaroni condena a 39 policías a tres años de cárcel por privación ilegítima de la libertad, por el secuestro de Felipe Vallese. Lo ridículo de la pena –porque no se considera la figura de homicidio- fue conseguido, en parte, por el trabajo investigativo de Barraza. No obstante, fue demasiado para Fiorillo, que muy pocos años después se la cobra con creces: el 13 de octubre de 1974 son asesinados por las 3 A Pedro Barraza y su compañero Carlos Ernesto Laham, en Villa Soldati. Barraza ya no militaba más, y su último trabajo fue como interventor en Radio del Pueblo. No caben dudas de que le estaban cobrando el caso Vallese, que había molestado a tantos policías.

Fiorillo, alias El Tano, alias Sarachu, lugarteniente de genocida Camps, fue reconocido por ex detenidos como de relevante actuación en los campos de concentración de El Vesubio, El Banco y Omega. Actualmente tiene una agencia de seguridad privada.

En la ex calle Canalejas –hoy se llama Felipe Vallese- persiste todavía el árbol donde se aferró Felipe defendiendo no sólo su libertad, sino la de todos. Pero la placa que sus compañeros pusieron para recordarlo ha sido robada, tal vez por personas que, sin trabajo, recorren las calles en busca de algo de valor para poder sostener su vida y la de sus hijos.

Sin Trabajadores no hay Patria.

MPA – MOVIMIENTO PERONISTA AUTENTICO – REVISTA EL DESCAMISADO

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