El kirchnerismo como capitulación de los ideales setentistas – Jorge Falcone

El kirchnerismo como capitulación de los ideales setentistas – Jorge Falcone

pagnuevafalconeEs difícil que algún cinéfilo olvide la película “Nos habíamos amado tanto” de Ettore Scola (C’eravamo tanto Amati, 1974), donde dos ex partisanos de la resistencia antifascista (Nino Manfredi y Stefano Satta Flores) se reencuentran ya mayores con la mujer que habían amado (Stefania Sandrelli) y de inmediato procuran ubicar al tercer varón del grupo (Vittorio Gassman), que se ha aburguesado… y lamenta no haber sido fusilado durante la guerra de guerrillas (!).

Acaso dicha tentación resulte irresistible para cuantos ofrecimos nuestra juventud a una lucha sin cuartel contra el sistema capitalista y hoy nos toca asistir al triste espectáculo de ver al autor de “La hora de los hornos” coqueteando con Cobos o al oficialismo dando manotazos de ahogado dos años antes de culminar su mandato, después de haber embarcado en la militancia con arengas rimbombantes a una nueva generación de jóvenes.

La ética de esta nota se sustenta en una sencilla premisa: Argentina tuvo dos fundaciones de distinto signo. La que erigió la Generación del ‘ 80 y la que construyó el peronismo. La primera irrumpió en la historia por la fuerza tras la Conquista del Desierto (configurando el país “granero del mundo” al servicio de las élites), la segunda pacíficamente a partir del 17 de octubre de 1945 (instalando una inédita subjetividad favorable a la clase trabajadora).

La expresión política que aún administra el ejecutivo nacional es un remanente supuestamente progresista -los hubo conservadores- del segundo fenómeno consignado. El kirchnerismo se gesta durante la década del ‘ 90 al calor del llamado “Grupo Calafate”, y adquiere estado público hacia la crisis socioeconómica del 2001 – 2002, con escasa representatividad pero tomando nota con mayor agudeza que otros actores contemporáneos del notable colapso de la clase política conducente a la consigna “Que se vayan todos”.
Emergiendo por arbitrio del ex presidente Duhalde con la carta de intención más auspiciosa desde la restauración del orden constitucional, se dedica de inmediato a reestablecer la gobernabilidad convirtiendo en Cuestión de Estado la lucha por los derechos humanos -circunscripta a reparar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante las décadas del ‘ 70 / ‘ 80- y desarrollando así una eficaz campaña de cooptación de los organismos específicos como de las organizaciones sociales que enfrentaron al neoliberalismo durante la década anterior, en este caso mediante la aplicación de medidas de “inclusión social” (Asignación Universal por Hijo, Plan Conectar Igualdad, Programa Crédito Argentino, Plan Progresar, etc.).

La apelación a una retórica combativa, versión “sensata” de los ideales setentistas (que eludirá cualquier debate a fondo sobre las complejas circunstancias en que aquellos se desplegaron), a partir de la bajada del cuadro con la foto de los protagonistas de la dictadura y la recuperación de la ex Escuela Mecánica de la Armada, seducirá a una nueva camada de jóvenes que, irrumpiendo masivamente hacia el sepelio del ex presidente Néstor Carlos Kirchner, habrá de replantearse militar en política, fenómeno que con el paulatino abandono del concepto de transversalidad y la pragmática opción por el “pejotismo” ha comenzado a estancarse ostensiblemente. Sorprende a muchos sobrevivientes de gestas populares anteriores -invocadas hasta el hartazgo por el multimedios estatal- cómo pudo extenderse tanto en el tiempo un fenómeno alimentado por un discurso que se da de bruces contra la ampliación de una brecha social que cada vez condena a más compatriotas a vivir marginados del siempre celebrado mundo global, y -más aún- cómo se las arregla para conservar todavía la adhesión de numeros@s argentin@s de bien que prefieren seguir optando por “el mal menor” a aventurarse en la erotizante empresa de inventar alternativas para el cambio social.
A continuación daremos cuenta de algunos tópicos que permiten sustentar el título de esta nota.

Convirtieron en simulación lo que fuera utopía.

El mero desempolvamiento de algunas banderas enarboladas por la generación más altruista de la historia contemporánea, utilizado -como se ve cada vez más claramente- para encubrir una matriz productiva basada en el agronegocio y el extractivismo, generadores de un acelerado proceso de concentración del capital, paralelo al de desposesión de recursos naturales, alguna vez deberá hacerlos desfilar ante la Justicia, toda vez que la lógica más salvaje de lo que se ha denominado «capitalismo en serio» conduce a que el tiempo gane la batalla sobre el espacio, de modo tal que el período biológico natural de maduración de ciertas semillas ahora se ve artificialmente acelerado mediante la utilización de transgénicos, con la lógica consecuencia de atentar directamente contra nuestra soberanía alimentaria.
Dicha estafa hipotecará por tiempo indeterminado los aspectos más rescatables de un legado generacional que el oficialismo invoca. Pese a que algunos sectores de la derecha paleolítica pretendan que “este es el gobierno de los montoneros”, un pensamiento audaz y original como el del ensayista Alejandro Katz sostiene que ”Aunque la falacia de la ‘ distribución ‘ y la falacia del ‘ poder popular ‘ son quizá las más reveladoras del carácter reaccionario del Gobierno, sus políticas se sostienen sobre muchas otras: la de los ‘ épicos combates ‘, por ejemplo, que en verdad el kirchnerismo nunca libró” (pág. 54, El simulacro, Editorial Planeta)

Defraudaron el idealismo de una nueva generación

A ojos vista, más de una década no ha sido suficiente para organizar poder popular real ni descendencia, pese a la fuerte adhesión militante cosechada en los mejores momentos de la gestión en curso. Hoy queda claro que los momentos más auspiciosos del período en cuestión respondieron a una lógica de época que buscó no desentonar con la geografía política regional, como en ocasión de decir No al ALCA en el encuentro marplatense que tuvo como indudable factótum a ese verdadero mástil de la causa nostramericana que fuera el patriota Hugo Rafael Chávez Frías.
Nos guste o no, desde que se inauguró la transición democrática -puestas en tela de juicio las metodologías guerrilleras de acción directa- los organismos de defensa de los DD. HH. han venido gozando ante la opinión pública de mayor prestigio que las militancias revolucionarias sobrevivientes del último embate contra la oligarquía y el imperialismo.

La líder de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, al menos hasta esta gestión de gobierno, aparecía como el más alto ejemplo de intransigencia ante el poder, ostentando consignas como “Ni un paso atrás” o “No al pago de la deuda externa”, que de un tiempo a esta parte han ido desapareciendo gradualmente de sus publicaciones. También durante el lapso consignado, ha venido tomando decisiones tan curiosas como cobijar al enigmático -procesado y absuelto- Sergio Shocklender, sacándose de encima simultáneamente a luchadores probados como Vicente Zito Lema, Claudia Korol, Néstor Kohan, o Carlos Aznárez, compañero de Rodolfo Jorge Walsh en la Agencia de Noticias Clandestinas y director del periódico Resumen Latinoamericano, que se alejó denunciando censura en la emisora radial de las Madres, concedida por el gobierno, en sintonía con la universidad cuyos gastos hoy promete absorber el Estado Nacional.

Semejante abandono de la prescindencia política sostenida por el organismo desde 1983 incluyó contraprestaciones como la designación de la contadora Felisa Miceli -condenada por corrupción durante su gestión a cargo del Palacio de Hacienda- como responsable de las finanzas de la asociación, hecho que viene a confirmar que el poder nunca hace favores gratuitos. Bien sabemos los luchadores populares que el dolor no redime ni da chapa de justo al que más lo ostenta. Quien pudiera haber supuesto lo contrario ya tuvo ejemplo en la gestión nepotista de Graciela Fernández Meijide, madre de un desaparecido y funcionaria del tristemente célebre gobierno aliancista.
El caso que consideramos más arriba acaso sea el más flagrante, en tanto aún pueden oírse, en CD grabado en vivo en octubre de 1997 -que tal vez no haya sacado de circulación aún Página 12- las arengas de la Sra. Bonafini exhortando a los pibes a ser revolucionarios y no venderse… para ahora decidir unilateralmente la inocencia de un Comandante en Jefe del Ejército no debidamente investigado en relación a posibles apremios ilegales cometidos durante la última dictadura.

Claudicaron ante los dueños del poder.

La cacareada pretensión de recrear una burguesía nacional como la que durante el último gobierno del General Perón encarnaran José Ber Gelbard, Julio Broner, o el mismísimo Humberto Volando, ha sucumbido ante los acuerdos oportunamente suscriptos con chupasangres como Paolo Rocca, y Carlos Bulgheroni o nuevos ricos de interés volátil como Lázaro Báez y Cristóbal López, para no mencionar directamente a Cargill, Monsanto o la Barrick Gold, nefastas alianzas nunca abiertamente cuestionadas por la militancia K.
Sostuvieron el acuerdo partidocrático de impunidad funcionarial que rige desde 1983

No hace falta ser el mismísimo Walsh para advertir que, desde el retorno a esta democracia de baja intensidad, ningún funcionario de alto rango ha sido severamente condenado por la Justicia: No ocurrió con Alfonsín en ocasión de un supuesto acuerdo con los militares carapintadas, no ocurrió con Menem ni en el caso de la venta de armas a Croacia y Ecuador ni en el de la voladura de los arsenales de Río Tercero (lo cual muchas veces redundó en el voto del ex mandatario riojano en sintonía con el gobierno actual), no ocurrió con De la Rúa en relación a las coimas en el senado ni a los asesinados en diciembre de 2001, no ocurrió con Duhalde en relación a la orden de disparar balas de plomo durante la Masacre de Avellaneda… y probablemente el único chivo expiatorio que deje la “década ganada” sea el economista rockero Amado Boudou, muy a pesar de Cromañón, la represión en Parque Indoamericano, la Tragedia de Once y otras menudencias por el estilo.

¿Responderá en parte lo anteriormente enunciado a la pregunta acerca de porqué dentro del peronismo -identidad desde la que incursionó en política el autor de estas líneas- se delibera en voz baja pero nunca se entra de lleno en la consideración de los crímenes perpetrados por el gobierno de Isabel Martínez y José López Rega en nombre de dicha causa y como prolegómeno del Terrorismo de Estado?
Pusieron “piloto automático” dos años antes de culminar su mandato.

Por último, y para mal de mis hij@s, que alguna vez reivindicaron para sí el derecho de acompañar una gestión en cuyo discurso encontraban reverberancias de las consignas por las que tiempo atrás arriesgaran la vida sus padres, el gobierno argentino, incapaz de formular autocrítica alguna ante esos humildes cuyos intereses dice defender, se muestra desorientado y renuente a cualquier autocrítica de cara a 2015, aunque los dos años restantes constituyan un lapso nada despreciable para corregir rumbos en salvaguarda de cuanto se prometió defraudando enormes expectativas.
Por fortuna, silenciosamente, a distancia prudencial de la Casa Rosada, y de la mano de otr@s jóvenes que no han renunciado a los más caros anhelos del pueblo trabajador, “va brotando, brotando, como el musguito en la piedra”.
E

s de esperar que dicho retoño sólo se espeje en los aciertos y no en las lacras de las generaciones precedentes.

* Militante montonero en los ‘ 70, documentalista.

Facebooktwittermail