Ante el inminente acuerdo con el FMI

En vísperas de la aprobación de un nuevo acuerdo con el FMI, desde el Movimiento Peronista Auténtico sostenemos que más allá del trámite legislativo y el proceso político que se abre con él, es de urgente necesidad convocar en el seno del peronismo a una reflexión profunda y sincera acerca del destino colectivo y el futuro próximo no sólo de nuestro país, sino del justicialismo como fuerza política y su capacidad de representar los intereses de la clase trabajadora.

Esta Argentina fatigada, que luego de renegociar con los acreedores privados creció según los índices oficiales respecto al año anterior más de un 10%, no logra no obstante que esa riqueza llegue al conjunto de la población y ese crecimiento terminó implicando que el trabajo argentino fuera devorado por la licuadora inflacionaria. Por si eso fuera poco, concluyó además en la derrota del peronismo en las elecciones. Si el gobierno prevé un crecimiento del 4 % luego de un acuerdo con el FMI, entonces es preciso tener una imaginación psicodélica para asociar ese escenario con algún empuje de entusiasmo. Es otro engaño pensar en un acuerdo con el FMI que no implique devaluaciones y un severo ajuste fiscal vía eliminación de subsidios a las tarifas, hecho que a su vez dispararía la inflación núcleo con implicancias devastadoras en el incremento de precios de alimentos, bebidas y bienes y servicios de primera necesidad. No es secreto para nadie que en estas condiciones una devaluación del 20% equivaldría a 2 millones más de pobres, si fuera de un 50% la pobreza alcanzaría a 5 millones de nuevos pobres. Cuadro de situación que se completaría con ninguna mejora en los índices de empleo y con ingresos estancados, todo para “honrar” el pago de un crédito concedido de forma irregular al solo efecto de permitir la permanencia en el gobierno de una facción política local. Esta deuda tal cual está planteada y exigida por el FMI no se puede pagar y no se va a pagar, gobierne quien gobierne. A lo sumo se podrá firmar un acuerdo total o parcial, prórrogas, pre-acuerdos, cartas de intención, o lo que se invente de ahora en más, pero al sólo efecto de su incumplimiento tarde o temprano. No falta la superchería de nuevos exponentes de la prolífica fauna de consultores bien remunerados por sus informes predictivos económicos financieros por aquellas “empresas a las que les interesa el país”, esmerados en la organización de tertulias gerenciales para “cerrar la grieta” con sus respectivas terminales en los boxes de la clase política y empresarial, en las que es de absoluta y perentoria obligación pronunciar la palabra “Moncloa” por lo menos dos veces cada 20 minutos. Adoradores de “la macro” oponen a la atávica irracionalidad de las masas que perseveran en esa rara costumbre de disputar mayores ingresos para una mejor calidad de vida, un acuerdo racional “de más de un período de gobierno” que debiera estar precedido de un kamikaze al estilo Remes Lenicov, es decir un carnicero en el quirófano, mientras repiten como mantra el apotegma de la libreta del almacenero “no gastar más de lo que ingresa”, como si una Nación fuera un almacén.

Confunden la simpleza vulgar de sus boliches bien decorados de Puerto Madero donde elaboran enrevesadas estadísticas a la carta, con la infinita y maravillosa complejidad de la Nación Argentina. En una suerte de astigmatismo moral deforman la verdad para conformar a nuestras tendencias naturales, ya que han tomado todas las decisiones vitales en nuestro nombre. Por lo general están enfrascados en disputarse el Ministerio de Economía y otros estamentos de gobierno, sin dejar de engrosar a la vez su cartera de clientes donde ubicar a buen precio de mercado sus periódicas predicciones astrológicas-financieras y de paso participar como comisionistas en las oportunidades de negocios que se les presenten.

Como señaláramos en nuestro documento del 5 de enero de este año, otro camino posible es asumir la realidad y tomar la decisión política de gestionar una cesación de pagos en el marco de un programa planificado de acción de gobierno abriendo el juego a la participación popular democrática y protagónica a través de la operativización de la consulta popular prevista en el artículo 40 de la Constitución Nacional introducida en la reforma de 1994 y hasta hoy no reglamentada. Es cierto que es un camino riesgoso y plagado de obstáculos y emboscadas, pero no mucho más riesgoso que acordar con el FMI en obligaciones de imposible cumplimiento en un camino sin retorno de sucesivas rendiciones. En el marco del absolutamente irracional acuerdo con el FMI propiciado por el macrismo, debería avanzarse en lo inmediato en una investigación de las responsabilidades institucionales que le caben a los ex funcionarios del gobierno de Cambiemos y en impulsar mecanismos para la detección de los principales fugadores de divisas en tanto corresponsables del descalabro llevado adelante desde el 2018 hasta la fecha, que puso a nuestro país nuevamente en una crisis de deuda que condicionará severamente el destino de nuestra patria por muchas décadas.

El peronismo tendrá que demandar para su subsistencia y reconstitución doctrinaria y organizativa una fuerte movilización militante que desate un abierto y generoso proceso de deliberación y participación popular dotado imprescindiblemente de una sensibilidad e imaginación que permita ver para apreciar, apreciar para resolver, y resolver para actuar. Y todo esto no se logra con coaching, más asesores de imagen y rosca con la industria encuestadora, ni con prácticas de sectas adocenadas, o con enlatados ideológicos importados “llave en mano”. Se logra con una estrategia de poder que asuma la necesidad y la urgencia de llevar a cabo transformaciones sustanciales en la organización política, institucional y económica de la Nación. En esta perspectiva entendemos que, para la construcción de un consenso de futuros acuerdos políticos y programáticos, no alcanza ni remotamente con un mero acuerdo de refinanciamiento de la deuda con el FMI sino que debiera avanzarse en un programa de reformas liminares que definan un plan de modernización estructural para la inauguración de un ciclo histórico de transformación sistémica.

Ya no alcanza con hacer funcionar lo existente más dosis homeopáticas de asistencialismo estatal anestesiante, ajustando para abajo y acumulando por arriba; urgen modernizaciones, transformaciones, planificaciones de políticas de Estado que asuman la emergencia del momento. Y no hay momento más urgente que este. O inventamos o erramos.

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