ANTE EL PEDIDO DE DETENCIÓN DEL COMPAÑERO PABLO MOYANO

 

Que el macrismo es un proyecto político encabezado por un sector de la élite empresaria altamente trasnacionalizada, rentista y parasitaria, que se ha enriquecido en los últimos 40 años en beneficio de los intereses más concentrados de la economía y (obviamente) en detrimento del bienestar, la dignidad y la vida misma del conjunto del pueblo trabajador, no es una primicia para nadie. Tampoco es noticia el desprecio por el sindicalismo que arrastran los grandes medios de comunicación y la gran mayoría de la clase política , incluso aquellos actores que reivindican su pertenencia al campo popular.

Pero no dejan de sorprender las burdas y encarnizadas muestras de odio y resentimiento a las que el macrismo somete a la ciudadanía todos los días. En estos últimos días, con el pedido de prisión preventiva para el dirigente del Sindicato de Camioneros y vicepresidente de la Federación Internacional del Transporte, Pablo Moyano, basada en una endeble y forzada causa vinculada con su rol como dirigente del Club Independiente, deja a las claras hasta qué punto está dispuesto a avanzar este gobierno en el afán de acallar y amedrentar a quienes resisten sus políticas de miseria planificada. No se trata de una motivación penal o la inocente iniciativa de una justicia libre: se trata de motivos profundamente políticos que se inscriben en la práctica de criminalización de la protesta social, el odio de la élite hacia la clase trabajadora y la voluntad de distracción respecto al calamitoso rumbo económico y social en el que nos tiene entreverados el gobierno de Cambiemos.

Bajo la engañosa estrategia de la individualización para la consecuente criminalización y linchamiento público de dirigentes sindicales (con el rol activo y fundamental del periodismo militante de Clarín y La Nación) se esconde un interés político e ideológico central de esta fuerza política: socavar el poder real y efectivo que aún hoy mantiene al movimiento obrero organizado, cristalizado en la CGT como un actor político de peso en la discusión por el poder en la Argentina y por lo tanto, como un freno efectivo para la implementación de las políticas de hambre, miseria y entrega que diseña el FMI, pero aún más: como la posibilidad de articulación o esbozo de un modelo de nación alternativo al destino de pobreza y subdesarrollo al que nos conduce el macrismo .
La persecución sobre la militancia sindical, la cual no sólo recae sobre dirigentes de grandes sindicatos o con relevancia mediática, sino sobre las espaldas de miles de delegados anónimos a lo largo y ancho de la patria, es una pata más del objetivo político-histórico que guía al macrismo en su utopía: extirpar de cuajo la influencia del peronismo como identidad política de la clase trabajadora asociada a la defensa y promoción de los intereses populares y al sindicalismo como actor de poder real (lo que quedó más que evidenciado en la contundencia de los últimos paros generales).

No hay que dejarse engañar: no son los cargos, no son los nombres propios, ni un sindicato en particular. Lo que el macrismo pretende, es lograr lo que no pudo la dictadura a sangre y fuego, ni los subsiguientes gobiernos mediante apriete o cooptación, es decir, domesticar la organización sindical en función de un país para pocos. Detrás de los sindicatos, sus estructuras, sus políticas y su historia, muchísimo más allá de la conducta o biografía de un dirigente, se sostiene la defensa de miles de derechos colectivos conquistados por décadas de lucha y la esperanza de reconstrucción de un proyecto de país que involucre en sus fines, la realización de los intereses y la felicidad de las
mayorías que lo sostienen día a día con el aporte de su trabajo.

Los empresarios y banqueros de este país, así como sus socios internacionales, nos tienen largamente acostumbrados a la violación sistemática de la ley: incumplimiento de las leyes laborales y ambientales, quiebras fraudulentas, vaciamientos, coimas, desapariciones, aprietes, evasión impositiva, fuga de divisas y la lista sigue… ¿Quiénes son los verdaderos y más peligrosos delincuentes en esta historia?

Por estas razones nos solidarizamos activamente con el compañero Pablo Moyano así como con su padre, compañero Hugo Moyano, quién tal como sucediera en el pasado reciente, es blanco predilecto del gorilismo de turno. Rechazamos de plano cualquier tipo de maniobra que busque criminalizar la protesta social y silenciar a los que denuncian este modelo de entrega que sólo beneficia a los especuladores. Llamamos al conjunto del campo popular a estar en estado de alerta y movilización frente a la grave situación que atraviesa nuestro pueblo y a mantener la solidaridad
como principio fundamental.

SIN JUSTICIA, NO HAY PAZ.

MPA – MOVIMIENTO PERONISTA AUTÉNTICO

www.movimientoperonistaautentico.com.ar

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