24 de Enero de 1945

 

El 24 de enero de 1945, mediante un decreto-ley (1740 / 1945), se universalizaba a todos los trabajadores en relación de dependencia el derecho a tener vacaciones pagas.
Según algunas corrientes de izquierda, esta medida formó parte de un paquete de concesiones reformistas que Perón haría para cooptar al movimiento trabajador. Otra interpretación, distinta a la anterior, lo entiende como parte del proyecto de justicia social que traería Perón a la Argentina; en ambos casos, no obstante, el movimiento obrero organizado queda relegado a un segundo lugar, en un rol secundario y subordinado a la iniciativa de la persona de Perón o de otros actores.

Como demostrara Juan Carlos Torre, uno de los máximos estudiosos del peronismo, la historia fue algo distinta. En su libro «Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo» el autor reconstruye con precisión y detalle el proceso político que posibilitó la promulgación de ésta y de otras leyes laborales. En esta obra se detalla cómo desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social el coronel Perón tejió una alianza con diversos sindicatos mediante esta clase de políticas, pero también puede observarse el lugar fundamental que ocupó el movimiento obrero organizado, tanto en el diseño como en la defensa de estas leyes.
Frente al «Manifiesto de las Fuerzas Vivas» y la oposición de las principales corporaciones empresarias (SRA, UIA, Bolsa de Comercio) que pedían el cese de esta y otras leyes laborales, los sindicatos se movilizaron y organizaron un mitín callejero el día 12 de julio de 1945 bajo el lema “En defensa de las mejoras obtenidas por los trabajadores por intermedio de la Secretaría de Trabajo y Previsión”.
Cuando la presión de la oposición creció, Perón fue desplazado y luego encarcelado por sus colegas militares. Posteriormente, el nuevo secretario de Trabajo y Previsión, Juan Fentanes, informó públicamente que la relación entre el Estado y los sindicatos iba a cambiar bruscamente. Lejos de ser espectadores y de mantener una actitud pasiva, el movimiento obrero organizado reaccionó audazmente y, a pesar de toda índole de tensiones dentro del ámbito sindical, se declaró la huelga general. Esta iniciativa y este reflejo organizado que tuvieron los trabajadores fue lo que produjo uno de los eventos más significativos de la historia moderna argentina: la movilización del 17 de octubre.

Al igual que los trabajos de Matsushita (1986) y Murmis-Portantiero (1971), el trabajo de Juan Carlos Torre muestra elocuentemente que el sindicalismo de la “vieja guardia sindical” tuvo un rol ineludible y protagónico en los sucesos que formaron parte de los orígenes del peronismo. Estos sindicatos, principalmente de tendencia socialista y sindicalista, venían luchando desde hacía décadas en defensa de los derechos y conquistas de los trabajadores.
Contrario a algunas versiones, la mayor parte del sindicalismo que estuvo detrás del 17 de octubre no estuvo organizado por Perón ni mucho menos era adicto a su figura. Su principal preocupación era el mantenimiento de las leyes laborales y la favorable posición de poder frente al sector patronal que los sindicatos habían adquirido en esos últimos años. Además, los sindicalistas estaban preocupados por su autonomía frente al Estado e incluso hacia el propio Perón: es esa una de las razones por la que organizaron el Partido Laborista, un partido compuesto íntegramente por trabajadores y dirigentes sindicales de todas las corrientes y confederaciones gremiales.
La relación entre los actores es en realidad inversa a lo que se suele creer: no es Perón quien, por concesiones o un proyecto de justicia social, lleva a la clase trabajadora al poder, sino que es la clase trabajadora, en defensa de sus intereses políticos y económicos, quien lleva a Perón al poder.

Ilustración: «Tren de excursión» (1947) por Luis Medrano.

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